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Perspectivas de la música en el 2020

Perspectivas de la música en el 2020

Por Luis Eduardo Aute

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En estos intempestivos tiempos, pretender desarrollar alguna perspectiva sobre el futuro histórico inmediato, y peor aún si es remoto, me parece no solamente una osadía de extrema irresponsabilidad sino además un estéril ejercicio de altísimo riesgo. Y pretender hacerlo en el ámbito de la cultura sería hacer oposiciones al fracaso más rotundo. ¿Cuál será el devenir de la Cultura, más concretamente de la música, en el 2020? La primera y más inmediata reflexión sería que me siento absolutamente incapaz de intuir una respuesta. Sinceramente, para entonces no sé si tendrá algún valor o razón de ser el concepto de cultura, ni siquiera como valor de cambio. No quiero decir que desaparezca la irrefrenable necesidad que a veces tiene el ser humano de manifestarse a través de cualquier medio de expresión ya sea literario, gráfico, musical o audiovisual, etc.

Es innegable que ese instinto de reflexionar sobre la realidad (o la irrealidad) para luego expresar, creando belleza, el criterio propio que se ha ido desarrollando a partir de esas experiencias reflexivas es consustancial a la esencia vital del ser humano como ente propenso, lamentablemente no demasiadas veces, a poner en marcha su potencial de curiosidad y creatividad. Mientras haya emociones habrá MÚSICA, entendiendo esta palabra como aquella dimensión mágica, poética, apasionada que el artista persigue y descubre a través de su “personal e intransferible” aventura creativa cuando observa la realidad o se observa en ella. El artista, junto al ser humano que lo habita, dejaría de serlo si no explotara (en todos los sentidos de la palabra “explosión”) ese enigmático e inevitable mandato. Otra cosa son las contingencias históricas, políticas y especulativas con las que debe entenderse (o desentenderse) para llevar a cabo su sueño.

El 2020 es una fecha tan lejana (aunque tampoco tanto) que presagiar cuáles serán esas contingencias es un desafío que no me atrevería a afrontar. Por los datos que nos va dejando el discurso cultural contemporáneo, los augurios no son muy esperanzadores. La gran dictadura del Mercado campa a sus anchas devorando, cada vez más, ese último reducto donde reside, agonizante, el peligroso animal que llevamos dentro y que llamamos Imaginación.

Este proceso imparable, por ahora, de destrucción sistemática de la cultura en beneficio de los intereses de todo tipo de “medios” ya reconvertidos en macluhanianos “mensajes”, no anuncia ningún panorama prometedor, más bien todo lo contrario.

Estamos viviendo la apoteosis de la Tecnología como nueva religión siempre que sea “útil” y produzca beneficios inmediatísimos a la gran catedral de los mercados. La presente mayor del discurso histórico contemporáneo se instala con enorme potencia en la negación de la “utilidad” de la cultura y del arte.

La cultura, el arte, y por tanto la música, no son “útiles” ni “sirven” para nada en esta tecno-sociedad global del ocio, del entretenimiento, más bien son un estigma de un pasado periclitado y radicalmente ajeno al concepto de COMPETITIVIDAD, la gran neo-diosa a la que hay que servir. Por lo tanto, son prescindibles porque son una carga deficitaria e inútil.

La verdad, no tengo ni idea de qué será de la cultura, del arte, de la música en el 2020 pero, mucho me temo que esta dinámica de la supremacía de la competitividad tecnológica (el soporte) sobre el contenido (el mensaje) irá a más y creará una nueva “cultura” (que no contracultura) o, quién sabe, tal vez la Gran Cultura de la Tecnología como religión por encima de todas las cosas.

Solo habrá perdición fuera de la tecnología, por lo que acaso estemos creando un nuevo credo TEOcnológico...

Personalmente, albergo la esperanza de que en algún momento se den las coordenadas para que se cumpla el lucidísimo principio de Peters: “Antes o después todo llega a su nivel de incompetencia” y de que a la supra-TEOcnología le empiecen a salir anatemas renegados y apóstatas herejes por todas partes a partir del momento en que entre en conflicto y contradicción con sus propios “principios e intereses”.

Tal vez entonces, de las cenizas del “sonido y la información” resucite la “Música y el Conocimiento”.

 

 

 

(*) Luis Eduardo Aute es cantautor, poeta y artista

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