¡Marrulleros uníos para echar al pícaro y astuto Sánchez de la Moncloa!
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¡Marrulleros uníos para echar al pícaro y astuto Sánchez de la Moncloa!

martes 02 de junio de 2026, 06:53h

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El secretario general del PSOE, con uniforme vaquero de campaña, les ha dicho a los futuros dirigentes del partido que todos aquellos que le piden, en su papel de presidente del Gobierno, que disuelva las Cortes y convoque elecciones generales antes de que se acabe el año son unos “marrulleros”.

La palabra estaba en desuso y Pedro Sánchez la ha rescatado del diccionario. Marrullero es un tramposo, una persona astuta, taimada, artera, pícara, malintencionada, que acostumbra a saltarse las reglas, que manipula, que utiliza el halago para conseguir lo que quiere con la vista puesta en su objetivo final mientras se evade de sus responsabilidades.

Un retrato tan perfecto de lo que está ocurriendo en la vida pública de este país desde hace ocho años, y de forma acelerada desde las elecciones de 2023, que es casi imposible que alguien pueda hacer otro mejor.

Los marrulleros a los que se refiere el líder del PSOE están, sin duda, en el Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo, en el Vox de Santiago Abascal, en el Junts de Carles Puigdemont, en el PNV de Aitor Esteban y deben de estar también en el interior del socialismo, representados por Felipe González, Emiliano García-Page, Eduardo Madina y una larga lista de antiguos dirigentes del partido que ocuparon puestos de ministro y hoy están alejados del poder.

Para ser justos con las diversas acepciones de la palabra “marrullero”, el presidente del Gobierno tendrá que aceptar que se lo ha llamado también a José Luis Ábalos, a Santos Cerdán, a Koldo García, a Leire Díez y al resto de los que aparecen en las actuaciones judiciales que se tramitan entre la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo. Si no lo pensara así, estaría ante un espejo y se lo estaría llamando a sí mismo.

Que Pedro Sánchez es astuto es una realidad; que busca un beneficio propio desde que logró la victoria en la moción de censura es un hecho; que evita asumir las responsabilidades en su papel de presidente y secretario general del PSOE cuando se aleja lo más posible de quienes han sido sus personas de máxima confianza desde hace diez años no admite discusión.

Lo de hacer trampas es de uso generalizado entre los actuales dirigentes políticos, desde la derecha a la izquierda, por lo que no cuenta a la hora de poner límites a los marrulleros. En cuanto a lo de pícaro, la mejor tradición de nuestra novela lo coloca tanto en el lado positivo del ingenio y la travesura como en el de la malicia y el engaño.

No tenemos en estos tiempos a un Mateo Alemán dispuesto a escribir una tercera parte de su “Guzmán de Alfarache”, pero, si apareciera, tendría un arduo trabajo para delimitar dónde empieza el discurso moral dirigido a la sociedad engañada en la que vive el prototipo del pícaro español y dónde el puro deambular de aventura en aventura del personaje para sobrevivir.

Cinco traducciones a cinco idiomas distintos, incluido el latín, convirtieron a nuestro Guzmán en uno de los españoles más célebres entre los siglos XVI y XVII. En estos días en los que el papa León XIV va a intentar que la católica España se resista ante la invasión de los evangelistas norteamericanos, sería todo un detalle que le regalaran un ejemplar de aquellas andanzas.

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