Las encuestas reflejan el hastío de sus votantes que ya no les ven como representantes de la izquierda porque en pocos años han pasado de ser unos gualtrapas a convertirse en unos privilegiados gracias al chollo de la política, que es el truco más eficaz para pasar de indocumentado a diputado.
El problema electoral de la izquierda está en la inestable credibilidad que inspira a sus tradicionales votantes que ven cómo prosperan sus dirigentes mientras ellos siguen cantando “ arriba pobres de la tierra, en pié famélica legion”.
Los únicos votantes fieles de la izquierda son los viejos y los cargos públicos que han acreditado lealtad a la secta.
Los sindicatos no han convocado ni una sola huelga contra el gobierno, que algo tiene que ver con políticas de creación de empleo y la subida de los impuestos que diezman la economía de los contribuyentes, mientras aumentan en miles los puestos de asesores y cargos públicos, sin exigirles cualificación profesional o académica.
El perfil de los nuevos electores es cambiante porque los jóvenes han aprendido la lección y están hartos de comprobar que la politica es un negocio que solo favorece a los politicos profesionales que viven de la sumisiópn a las consignas del jefe.
Los jóvenes han aprendido a pensar por si mismos, emplean el sentido crítico y desprecian el fanatismo de las ideologías porque la inteligencia ha derrotado a la estafa. La izquierda sin principios ha tocado fondo y no puede navegar por un cauce sin agua-
La imagen de Rufián e Irene Montero es un mal chiste para la izquierda que ya no puede volver a estafar a los que dejaron de ser incautos.