No van a estar solos Abalos y Fernández, pero ni Koldo García, ni Francisco Martínez, sus respectivos hombres de confianza, van a querer que las penas de corrupción caigan sobre sus cabezas. Harán todo lo posible por colocar a sus jefes por delante, con el argumento de que elos se limitaban a cumplir órdenes.
Son todos los que van a estar, pero no estarán todos los que estuvieron. Los respectivos sumarios judiciales instruidos a lo largo de los años - muchos más en el caso de la Kitchen que en el de las Mascarillas - ya han dejado fuera a posibles culpables. Los que van a ser juzgados es una “muestra” pequeña de los malos hábitos que tienen los que se consideran poderosos durante el tiempo quen dura su mandato. Junto a las pruebas e intervenciones que se harán en la sala por parte de fiscales y abogados, la opinión pública recibirá miles de opiniones desde los medios de comunicación con la intención de unos y otros - convertidos en portavoces de muchas más mentiras que de verdades - que tratarán de trasladar a los que ya han votado en las urnas y los que lo harán en el futuro que los niveles de corrupción no son los mismos y que Abalos y sus compañeros o Fernández Díaz y los suyos con más dañinos para la democracia que sus rivales.
Aparecerán viejas/ nuevas caras como la del extesorero Barcenas o la del ex comisario Villarejo, junto a la permanente del comisionista Aldama. Unos entramados que servirán a los fieles de los dos partidos para justificar su lealtad a las siglas, pero que volverán a alejar a los ciudadanos de la política como espejo de la sociedad. Se producirá un nuevo hartazgo, unas dosis insoportables de corrupción institucional, mientras las cifras económicas se interpretan a favor y en contra del actual Ejecutivo, como es el empleo o el déficit; y las noticias de la brutalidad de las guerras siguen añadir di miles de muertos y países destruidos.