Han traicionado a los que dicen defender. Actúan como si fuese funcionarios adictos a la rutina de lo que le indique el Presidente del gobierno y ni siquiera guardan las formas en un momento tan trágico como han sido los accidentes de trenes que han dejado , por ahora 45 muertos entre viajeros y maquinistas.
En política existe el silencio de los corderos, la desvergüenza de los cobardes y la traición de los sindicalistas, que se han convertido en funcionarios al servicio de las consignas de Unai Sordo y Pepe Álvarez.
Los trabajadores de las líneas ferroviarias están reclamando conocer las causas de los accidentes y que haya reparación y justicia para las víctimas, mientras los líderes de los dos sindicatos mayoritarios, calla como lo que son.
Ante desgracias como la sucedida solo vale la verdad y la dignidad, pero nunca el silencio cobarde y cómplice de los líderes sindicales que hace años perdieron la credibilidad y con ella la dignidad.
Algunas instituciones en España han ido perdiendo la razón de ser que un día tuvieron en favor de la sociedad. Pueden corromperse los individuos pero cuando se contaminan los grupos no hay más remedio que denunciarlos como organizaciones de delincuentes.
En el origen de esta mentira de unos sindicatos corruptos, que estafan a sus propios militantes está el comienzo de la falta de credibilidad y la desaparición de algunas organizaciones.