La venganza del 'Renacido' y el galo Breno
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La venganza del "Renacido" y el galo Breno

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Unir la película de Alejandro González Iñarritu con el asalto a Roma por parte de los galos que comandaba Breno y a ambos con el 39 Congreso del PSOE es lógico y necesario. Y vamos a explicarlo para aquellos que no hayan visto el film protagonizado por Leonardo DiCaprio; no sepan lo que ocurrió con la guerra entre la Roma imperial y los levantiscos sesones de la Francia de entonces en el año 390 antes de Cristo; y no entiendan la venganza que se ha tomado el secretario general de los socialistas tras su vuelta al poder interno del partido.

Con 2400 años de diferencia, la frase que pronunció el caudillo "francés" tras vencer a las legiones romanas y sitiar su capital está en el fondo de la película del director mejicano y en la actitud del líder del PSOE y de su guardia pretoriana hacia los derrotados barones que apoyaron a Susana Díaz, incluida y en primera línea la presidenta de la Junta de Andalucía.

Se trata de narrar la resistencia y la venganza que se toman los jefes cuando vencen a sus enemigos. Basta con dos palabras latinas: "Vae Vince", que ha quedado para la historia de estos veinte siglos largos como el mejor epitafio para los perdedores: "Ay de los vencidos". El guerrero galo, al que había despreciado uno de esos cónsules romanos que apenas aparecen en los libros de historia, decidió que Roma iba a pagar y, tras arrasar todo lo que encontraba a su paso hasta llegar a las orillas del Tiber, les exigió a los que quedaban 400 kilos de oro. Protestaron por las "trampas" en la balanza de pesaje y les colocó su espada para demostrarles que la medida de su venganza la ponía él.

En la novela de Michel Punke y en su traducción cinematográfica el protagonista sobrevive a todo: al clima, a los indios, a los osos y hasta a sus compañeros traidores que le abandonan. Renace desde el umbral de la muerte para castigarlos y ver cómo desaparecen aquellos que desean ocultar su infame comportamiento en na sociedad de frontera en la que sobrevivir es casi el único principio al que agarrarse. Que se lo digan en esta España de 2017 a los dos únicos socialistas que han sido "perdonados" por su secretario general: el vasco Patxi López y el extremeño Guillermo Fernández Vara.

Si los romanos del siglo IV antes de Cristo tuvieron que llamar a su antiguo dictador Marco Furio Camilo para que les salvara, tras haberle enviado al exilio acusado de corrupción. La destrucción de la capital del Imperio nos hizo perder una gran parte de la historia antigua y de aquellos hechos; no así la historia personal del trampero Hugh Glass en los inicios del siglo XIX, que es la que noveló Punke, cargada con toda probabilidad de los mismos elementos de miedo, ambición, avaricia y venganza entre los que se ha desarrollado el cónclave del PSOE.

Pedro Sánchez ha actuado como Breno tras "renacer" de entre la selva política en la que le habían dejado a finales de 2016 sus compañeros de partido. Ha tenido más ayuda que la que encontró Glass y ya está pagando recompensas en las personas de Adriana Lastra, José Luís Avalos y cuarenta más, que no son los de Ayete pero puede que se les parezcan. El "Vae Vince" se lo arrojó a la cara de la lideresa andaluza en apenas ocho minutos. Una lección práctica de historia, y si ella o algún otro como Ximo Puig o Emiliano García Page tiene alguna duda respecto a lo que pretende su secretario general le recomiendo que escuche una de las canciones del grupo de rapcore Habeas Corpus titulada acertadamente como "Ay de los vencidos".

Si el mensaje que Pedro Sánchez está enviando a los suyos es el del aplastamiento de la disidencia interna, con candidatos que aparecerán en los Congresos regionales para disputar el poder a los que se sentían señores feudales del socialismo patrio; no estaría de más que los líderes de Podemos, que presumen de conocer mejor la historia que el resto de la clase política por aquellos, quizás, de dar clases en la Universidad, rescataran las palabras que Marco Furio Camilo les dirigió a los suyos tras lograr que los galos volvieran a sus tierras con Breno herido de muerte: "Non aurum sed ferrum

liberanda patria est" ( no el oro sino el hierro liberará a la patria". Por si acaso, él ya era muy rico y para "liberar" a la patria hizo una de sus entradas gloriosas en Roma montado en una cuádriga de cuatro caballos blancos y todo su rostro pintado de rojo. Eso cuentan Tito Livio y Plutarco, que tal parece que nos dejaron tantas verdades como mentiras en sus escritos, pero ni Iglesias, ni Errejón, ni Urban se lo van a contar a Sánchez.

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