¿A quien creer? A Pedro Sánchez cuando dice que Estados Unidos no puede usar las bases en territorio español para su guerra contra Irán o al presidente norteamericano cuando, tras amenazar con cerrar el grifo de las importaciones de productos españoles, afirma que el problema se ha resuelto y que Rota y Morón forman parte del trayecto del material militar que llevan a diario hacia el Cercano Oriente. Seguramente ni uno ni otro dicen la verdad pero es más probable que el Pentágono se las arregle para que no haya problemas de que sus Galaxy pasen por Rota cargados hasta arriba.
En el año 2022, estando en el gobierno Podemos –que ahora predica que se cierren las bases USA- se autorizó el aumento del uso de la base de Rota con la llegada de dos nuevos buques “con el objetivo de contribuir de forma significativa a la estabilidad regional y a la seguridad común en África, Europa y el Oriente Próximo, y con miras a contribuir en mayor medida al sistema de defensa contra misiles balísticos de la Alianza Atlántica”, según rezaba en boletín oficial.
Creerse que Trump no usa las bases españolas para sus guerras es tratar de hacer comulgar a los ciudadanos con ruedas de molino. Sánchez rompe verbalmente con Trump pero no va a romper con éste ni con ningún otro presidente norteamericano. Es imposible desde el punto de vista de un gobierno que está comprometido con la Alianza Atlántica.
Es una contradicción que ni Sánchez nio sus antecesores han podido resolver por mucho “No a la Guerra” que grite. Una cosa es que el presidente español simpatice con los palestinos y no le guste ni Trump ni las guerras y otra muy distinta que pueda declararse neutral y mucho menos enfrentarse a los norteamericanos.
Trump ya anunció tras el secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, que no le importaba que la viceporesidenta Delcy Rodríguez le insultara o le llamara genocida, siempre que luego se aviniera a hacer lo que le pide. Con Sánchez pasa igual. Insúltame si quieres pero déjame usar las bases.
En el campo contrario, la derecha española hace tiempo que perdió el norte y se aferró a una defensa de tesis indefendibles en un mundo moderno. Hasta la llegada de José María Aznar a La Moncloa, la derecha mantuvo un cierto toque antinorteamericano, sentía debilidad por Cuba y no les gustaba Israel. Aznar dio la vuelta a la tortilla y sus dirigentes se convirtieron en pro yanquis, pro israelíes y anticubanos, algo que no les ha dado ni un solo voto más y por contra ha permitido a la izquierda hacerse con esas sensibilidades aunque en el fondo no las utilicen más que como eslóganes.