El 3 de marzo, fecha límite de la investidura de Guardiola, sabremos si Feijóo ha logrado convencer a Abascal de que apoye a la candidata del PP para que vuelva a gobernar Extremadura y cuáles son las condiciones que pone el líder de la extrema derecha al PP. Salvando las distancias el problema se parece al que tuvo que salvar Pedro Sánchez en 2019 cuando en un primer momento, tras las elecciones de mayo, decidió no pactar con Pablo iglesias y finalmente , en noviembre, cambio de opinión y le ofreció ser vicepresidente.
Ni Feijóo es Pedro Sánchez, ni Abascal se parece a Pablo Iglesias, pero a unos y a otros les mueve la política y el afán de gobernar. Si PP y Vox logran encontrar un punto en común les esperan cuatro u ocho años en La Moncloa, pero si no se ponen de acuerdo van a colocar a sus respectivos partidos, sobre todo al PP, ante una crisis de liderazgo tan profunda como la que sufrió el PSOE cuando tuvo que desbancar a Pedro Sánchez de la Secretaría General por negarse a permitir que Rajoy fuera investido.
Para seguir en La Moncloa en 2019, Sánchez tuvo que asumir el pactar no solo con Podemos –tras afirmar que con Iglesias en el gobierno no podría dormir tranquilo- sino con las derechas independentistas del PNV y de Junts, aparte de los republicanos catalanes de ERC y los abertzales de Bildu. Más difícil, imposible. Sánchez no ha pestañeado siquiera ante las acusaciones de aliarse con los “ex etarras” o con los “enemigos de España”, pero Feijóo tiembla cada vez que se le acusa de juntarse con la extrema derecha.
No ayuda, eso es verdad, las burradas que Abascal o sus correligionarios, lanzan en los discursos o en las redes y que son inaceptables para el común de los españoles, una sociedad que acepta sin complejos el feminismo, las diferencias de sexo y género, la despenalización del aborto y que, en general, no tiene miedo a una inmigración que es absolutamente necesaria en una España envejecida. Vox juega con el miedo que dan los cambios y los problemas que provocan en las vivencias personales.
Sánchez también tuvo que lidiar con los miedos que provocó Podemos y que llevaron a muchas personas a proclamar que “les iban a expropiar sus casas” o que iban a “llenar España de los inmigrantes que rescataban las ONGs en sus barcos y que nadie aceptaba en Europa”. Nada de eso era verdad y al final Podemos cayó en las siguientes elecciones, cuando se dividió internamente, y porque sus simpatizantes vieron que no servía para nada estar en el gobierno y que todo seguía igual o peor.
Si Feijóo fuera Sánchez dejaría que Vox entrase en los gobiernos del PP y que se cociera en su propia salsa para demostrar que sus planteamientos son tan exagerados como ineficaces, pero para eso tiene que aceptar las críticas feroces de sus adversarios y aprender a resistir como hace Sánchez, No se si para eso vale Feijóo.