Pedro Sánchez se ha tomado tan a pecho eso de quien resiste gana que está acudiendo a los mítines electorales de Aragón como si no pasase nada, repitiendo los mismos eslóganes que le permitieron seguir en La Moncloa en julio de 2023: “Votar al PP es votar a un gobierno con Vox” y explicando que su gobierno no tiene ningún problema y que todos son éxitos económicos y sociales a pesar de que la inflación sigue por encima del 2,3%, el gas está por las nubes en pleno invierno y que los Presupuestos siguen en el aire. Resistir como los últimos de Filipinas que siguieron luchando hasta que el enemigo les dijo que el Ejército español se había rendido.
En Extremadura también se paseó sin problemas y ni siquiera decidió poner un candidato mejor que Miguel Angel Gallardo, que ya estaba señalado para sentarse en el banquillo por colaborar en los asuntos laborales del hermano del presidente. Así le fue, que si se descuida le pasa la candidata de IU-Podemos, como ya ocurrió en la Asamblea de Madrid.
En Aragón, la candidata socialista, Pilar Alegría ,se maneja más o menos como los gladiadores que iban a combatir en el coso romano: “Ave, Caesar, morituri te salutant” (“Salve, César, los que van a morir te saludan”). Si el jefe manda a sus ministras a luchar contra las tempestades, ellas no se quejan, aunque hay algunas más listas que han dejado el gobierno para irse a Europa y así no tener que competir para perder. Ellas han sido las listas, Pilar Alegría la pierde la lealtad al hombre que la hizo ministra y hasta portavoz del gobierno.
Lo de que “viene el lobo” ya no funciona porque ese lobo, según sus propios aliados situados a su izquierda, lo ha engordado el propio gobierno con sus decisiones y resoluciones. Tener que gobernar continuamente dando esto a Puigdemont, lo otro al PNV, lo de más allá a Oriol Junqueras y lo que quede a Bildu, es desesperante y cada vez más difícil. Es verdad que el PP de Feijóo, como le ocurrió al de Rajoy, es incapaz de ganarle a Sánchez, con lo que la victoria de la derecha solo llegará por el hundimiento definitivo del PSOE como ocurrió en 2011 con el naufragio de Zapatero-Rubalcaba.
Salvo un milagro, que con Sánchez nunca es descartable, la derrota de Extremadura se repetirá el 8 de febrero en Aragón y el 15 de marzo en Castilla y León a pesar de que Fernández Mañueco (PP) no está para tirar cohetes. No gana el PP, pierde el PSOE, repito, cuando además las subidas previstas de Vox se parece muy y mucho a las de Ciudadanos y Podemos en 2015, un soufflé con poca chicha dentro.