ECONOMIA

España necesita un Teseo que mate al Minotauro para salir del Laberinto

José Ignacio Goirigolzarri (Caixabank-Bankia), Ana Botín (Santander) y Carlos Torres (BBVA),
Raúl Heras | Jueves 20 de mayo de 2021
Con los resultados de las elecciones del 4 de mayo en la mano y las dudas sobre la duración de la actual Legislatura y la necesidad imperiosa de terminar de una vez por todas con las dos grandes reformas legales que están en marcha desde hace meses, a uno de los financieros más importantes de este país ya le dió hace unos años por buscar metáforas en la historia o en las leyendas. Hoy permenecen vigentes. Sólo hay que poner nuevos nombres a los protagonistas del mito.

Para él, que contaba con un observatorio privilegiado desde el que contemplar cada día los apuros de nuestro sistema financiero y de alguna de nuestras principales empresas, lo que ocurría en aquellos momentos es que estábamos atrapados en un Laberinto, como el que dicen que hizo edificar el rey cretense Minos ( al que pone nombre actual en esta nuestra España ), que está controlado por un Minotauro ( al que también pone nombre ) y que la única forma de salir de este atolladero es encontrar al Teseo de turno que sea capaz de darle muerte ( se entiende que no cruenta y más bien política). Y al igual que en la leyenda la forma de que el héroe encuentra la salida es que el hilo de Ariadna ( en este caso las elecciones generales ) funcionen.

Además de divertida la metáfora o la parábola - que comentamos durante un almuerzo en un restaurante de los de andar por casa, que hay que dar ejemplo - permite echar un vistazo a la situación de nuestra economía: tenemos a 17 autonomías de las que no se conoce con exactitud sus números rojos y que están obligadas a apretarse y mucho el cinturón en los próximos años lo que va a llevar a una reducción de la inversión, a una menor capacidad de inversión pública y a más personas en el paro.

Tenemos a algo más de ocho mil Ayuntamientos en situación parecida o peor. Y tenemos una inflación que se acerca al 2% tras haber superadp el tres hace apenas cuatro años, y que corre el cada vez más cierto riesgo de sufrir los rigores del encarecimiento del dinero desde el Banco Central europeo una vez pasen los ajustes obligados por la pandemia, con un diferencial respecto al bono alemán a cinco años - ese que sube y baja como si de una montaña rusa se tratara - otra vez en máximos anuales. Hasta aquí una parte de los problemas "públicos".
Pasemos ahora a los que podemos llamar privados: 23 de las antiguas Cajas de ahorro, englobadas en 6 SIP y convertidas formalmente en bancos, vieron como doce de ellas fueron intervenidas en apenas tres meses, parcialmente nacionalizadas por las ayudas del FROB y posteriormente vendidas al mejor postor: las 3 de Unnim, las dos de Nova Caixa Galicia, las 3 de Catalunya Caixa y la CAM, que se descolgó o la descolgaron de Banco Base.

Las otras once, las 7 que integraron Bankia y las 4 que conformaron Banca Cívica tenían previsto salir a Bolsa pero las condiciones del mercado para captar entre siete y nueve mil millones de euros no parecían ser las mejores hace una década y tuuvieron que esperar, con los resultados finales que ya conocemos en este arranca de 2021.

El caso de Bankia, que era la tercera entidad financiera del país por tamaño, por detrás tan solo de Santander y BBVA, era tan importante que hasta el Wall Street Journal dijo en un editorial tras publicar una entrevista con el entonces presidente, Rodrigo Rato, que el éxito o fracaso de su presentación en los mercados era "una cuestión de estado". Desde luego el mejor de los termómetros para ver cómo se estaba viendo a España en esos momentos, que son muuy parecidos a los actuales. Casi lo mismo cab´ya y cabe decir de las consecuencias en el emleo, con reducciones drásticas de plantillas en bancos y empresas que, al calor de la crisis del Covid 19 y los ajustes que han sido necesarios en horarios y rendimientos terinarán por reducir las plantillas a menos de la mitad.

Por hacer un pequeño ejercicio de memoria, recordemos que algunas entidades tenían sus propios laberintos particulares, Banca Cívica y su presidente, Enrique Goñi, no se cansaba de hacer guiños al Banco de España y a sus futuros inversores, bajando el número de consejeros y echando a los que eran fruto de las fusiones para dar entrada a "independientes" como Angel Corcóstegui y Pedro Pérez; y en Nova Caixa Galicia, José María Castellano recurrió a las fortunas gallegas para evitar la entrada del Frob, como eran Amancio Ortega, Rosalía Mera, Manuel Jove o Luís Fernández Somoza, además de otro ex-consejero delegado de banco grande como es Gorigolzarri y un administrador de multinacionales como Borja Prado. Con toda la ayuda posible por parte del presidente de la Xunta, Núñez Feijóo, que se empeñó en mantener una Caja o banco gallego como seña de identidad de la autonomía y en contra de los deseos del Banco de España.

En este contexto tan complicado es en el que avanzó la reforma de nuestro sistema financiero, que llevó y lleva de forma inexorable a la reforma del mercado laboral, con unos sindicatos y unos empresarios que no logran ponerse de acuerdo y un gobierno que tras ver como su antecesor aprobó una reforma por decreto, ya contestada desde casi todos los ángulos y que tuvo una difícil trayectoria parlamentaria, compruba que dentro del propio Consejo de Ministros las dos o tres “almas” que lo habitan no se ponen de acuerdo para volver a reformar lo ya reformado.

Vamos a necesitar mucho hilo de Ariadna para no perdernos en tantas vueltas y revueltas, y mucha paciencia para salir del Laberinto. A corto plazo los intereses de la política y los de la economía no coinciden: si se adelantan las elecciones generales a otoño se pueden retrasar las reformas hasta el año que viene, con un nuevo gobierno y una nueva Legislatura, y eso puede perjudicar el crédito de España en los mercados, además de incumplir las exigencias de nuestros socios europeos y de ese FMI que nos mira con lupa para ver cómo cumplimos las obligaciones que nos han impuesto. Y puede retrasar a igual fecha las privatizaciones que más pronto o tarde se van producir parcial para reducir el endeudamiento público. En juego muchos miles de millones de euros y muchos miles de puestos de trabajo.


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