Raúl Heras

Las dos confesiones del pecador Iglesias en el Senado

Raúl Heras | Jueves 13 de diciembre de 2018
Ante el confesionario laico en que se transformó la Comisión del Senado, el líder de Podemos ha cumplido con los pasos que enuncia la Iglesia católica para obtener el perdón de los pecados: ha mostrado arrepentimiento, ha reconocido sus dos “pecados” al improvisado sacerdote político en el que se convirtió el senador popular Luis Aznar, ha pedido perdón y tendrá que esperar a cumplir la penitencia que le impongan las urnas cuando toque.

Sus dos “pecados” eran tan distintos como distantes. Por un lado sus viejos apoyos al régimen venezolano de Chaves y Maduro; por otro sus palabras dirigidas a la presentadora Mariló Montero. Afirmó que su opinión sobre la actual Venezuela es mala y hasta muy mala y que se equivocó cuando alababa al régimen de los dos presidentes. No reconoció que su formación se hubiese financiado con ayudas de ese país y hasta mencionó al juez Marchena para invocar su inocencia pese a la insistencia del acusador, quien llevado por las grabaciones de video no perdió la ocasión de llevar al dirigente de Podemos al Purgatorio de su propia historia.

Se desmarcó de los políticos sudamericanos con la mirada hacia el futuro puesta en las próximas citas con las urnas; y con el retrovisor colocado en los resultados electorales de Andalucía. Pedro de Galilea - al que podemos considerar como primer Papa del catolicismo - no lo hubiera hecho mejor: por tres veces negó Iglesias a Hugo y a Nicolás, los dos hombres que en nombre de la Revolución bolivariana y el Partido Socialista Unido de Venezuela gobernaron y gobiernan en Venezuela desde hace veinte años.

Aceptado el arrepentimiento exterior quedaba el interior, el más directo y personal, el que se refería a una de sus frases más hirientes dirigidas a una persona: “la azotaría hasta que sangrara”, frase que venía a cerrar - tras declararse un marxista psicópata entre risas con Juan Carlos Monedero - una vieja polémica entre él y Mariló Montero desde que la presentadora le negara su condición de defensor del feminismo llamándole “el hombre oscuro” allá por el año 2014. Mucho tiempo y demasiados recelos hacia las críticas que todo dirigente político debe esperar y aguantar, le gusten poco o nada. Los halagos no cuentan a la hora de los arrepentimientos.

En Podemos son conscientes de que el 15M que supuso su nacimiento era más social que ideológico, que respondía al enfado de los ciudadanos con la clase política, que sacaba a la calle tras muchos años de silencio la necesidad de darle respuestas al desencanto. Y ahora descubren que una parte de ese mismo desencanto, de ese mismo enfado por una gran parte de los mismos ciudadanos que se manifestaron entonces lo han hecho ahora en Andalucía pero apostando por el otro extremo del diapasón político. Lo hicieron hacia la izquierda y lo han hecho hacia la derecha, al margen del color de los partidos. Puro y simple “cabreo” sin ideología. Hartura, deseo de cambios, desconfianza hacia lo conocido y apuesta por lo que les ha parecido más nuevo, pese a que en el fondo sea tan viejo como las ofertas políticas.

Es posible que Pablo Iglesias esté sinceramente arrepentido de haber apoyado a los dos dirigentes bolivarianos que han llevado a Venezuela a la ruina; y que de igual manera esté más que arrepentido de sus azotes dialécticos y sangrantes. Motivos sobran para ambos golpes de pecho. Ya veremos que pasa con la penitencia.

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