En un mes Juanma Moreno se convertirá en el delfín más fuerte de Alberto Núñez Feijóo, por encima de Isabel Díaz Ayuso, que será su gran rival si el actual presidente del PP no consigue llegar al gran sillón de La Moncloa. Andalucía es más importante que Madrid, por los escaños que lleva al Congreso y Moreno tiene una imagen con menos aristas que Ayuso.
Un simple vistazo al cambio que se produjo en el territorio fetiche del PSOE explica que los dos dirigentes unidos por la voluntad del entonces líder del PP, Pablo Casado, para colocarlos como candidatos autonómicos, se hayan transformado en las dos “ bestias negras” de Pedro Sánchez y su equipo de fieles.
En diez años la Andalucía de izquierdas dominado políticamente por el PSOE pasó a ser la Andalucía de derechas dominado por el PP. ¿Principal culpable de ese cambio histórico?: la izquierda política que ha defraudado a la izquierda social. Explicaciones añadidas hay muchas, desde la influencia de las decisiones del gobierno central de la Nación a las imágenes que dan los distintos dirigentes que compiten en las urnas. Del rojo al azul apenas había un paso.
Juanma Moreno, si hacemos caso a las encuestas, va a lograr por segunda vez tantos diputados para el PP como toda la izquierda que se ha reunido junto a Antonio Maillo. La división se paga y las equivocaciones aún más. El actual presidente aparece sin rivales y la única duda está en el precio que le pondrá Vox para gobernar. Es notable que los dos partidos históricos de nuestra democracia mantengan al frente de las listas a dos hombres, mientras lejos de los tiempos en los que Susana Díez pugnaba contra Teresa Rodríguez, al margen de sus colores.
El cambio producido en una década en Andalucia es muy similar al que se ha producido en el resto del país. La España de hoy se parece muy poco a la España que arrancaba en la primera década del siglo XXI. Generaciones menos dogmáticas y más práctica, que no tienen a las siglas de los partidos como señales a seguir por encima de todo y que ya no se alimentan de los medios oficiales para formarse una opinión propia, también recurren - se equivoquen o no - a ese multi universo de las redes sociales. En todo caso, repasar un poco de historia no viene mal. Para analizar y apostar por una u otra opción o para no apostar por ninguna.
En 2012 el más incombustible de todos los líderes de la derecha española, Javier Arenas, lograba por primera vez en treinta años derrotar al PSOE de Andalucía representado por José Antonio Griñán. Por tres escaños y 43.000 votos el socialismo andaluz tuvo que recurrir a la izquierda marxista de Diego Valderas para mantenerse al frente del Gobierno. Lo hizo pese a los viejos, antiguos y muy reiterados ataques que existían respecto a los herederos del PCE. Una vicepresidencia y tres Consejerías premiaron a una Izquierda Unida que había pasado de tener seis a lograr doce escaños en el Parlamento de Sevilla. Otros tiempos que en muy poco se parecen a los actuales.
Tres años más tarde, con elecciones anticipadas por medio y un brutal cambio de liderazgo, Susana Díaz, a la que había dejado el gran sillón de mando un Griñán ya acosado por el escándalo de los ERE, lograba mantener los 47 escaños de los socialistas mientras que un recien llegado Juan Manuel Moreno pagaba el desgaste de su partido y veía como el Partido Popular perdía un tercio de sus parlamentarios. Entraban en escena Podemos y Ciudadanos y estaba a punto de hacerlo Vox. Los comodines a izquierda y derecha cambiaban. Izquierda Unida fue la otra formación que, del tercer puesto, pasó a ser la gran colista electoral.
Susana Díaz y el PSOE necesitaban un mínimo de ocho escaños de otros grupos para alcanzar la mayoría absoluta y mantener el Gobierno. . El socialismo andaluz escogió a una derecha moderada para no tener que repetir elecciones y Juan Marín se convirtió en vicepresidente. Lo mismo que haría después con Juanma Moreno hasta llevar a Ciudadanos a su desaparición.
A finales de 2018 la mujer que había disputado el cargo de Secretario General del PSOE a un hasta entonces desconocido Pedro Sánchez, con apoyo de la vieja guardia del partido, creyó que adelantando de nuevo las elecciones y ganándolas pondría a salvo su liderazgo y que podría intentar de nuevo conquistar el poder nacional de su partido tras lo que consideraba una apuesta segura: Mariano Rajoy volvería a ganar las elecciones generales y Sánchez se vería obligado a abandonar su puesto.
Todos los esquemas saltaron por los aíres. El PSOE perdió 14 escaños, el PP perdió siete escaños, el nuevo Podemos y la vieja IU a banderados por Teresa Rodríguez perdieron tres. Ciudadanos, ya distanciado de los socialistas en un nuevo “regate político” de Juan Marín sentó a 21 representantes en el Parlamento; y la gran sorpresa que cambió el futuro y el hoy presente de Andalucía: el Vox creado por Santiago Abascal se convertía en el comodín indispensable para que Juanma Moreno llegara hasta donde no lo habían hecho sus predecesores del Partido Popular.
De cara al 17 de mayo la situación dentro de la izquierda es muy parecida, mientras que en la derecha los pactos parecen inevitables si Juana Moreno no consigue la mayoría absoluta. Negociación con la mirada puesta en las generales y en el palacio de La Moncloa.