NACIONAL

El menguante Sumar de Yolanda lastra y mucho el futuro de Sánchez

Raúl Heras | Martes 10 de octubre de 2023
Es la insoportable levedad del ser, de la que escribió el checo Milán Kundera hace 40 años, la que cada día pone más difícil que Pedro Sánchez consiga los votos necesarios para seguir en La Moncloa. Esa levedad ideológica en los político, en lo económico y hasta en lo social tiene nombre y apellidos: el Sumar de Yolanda Díaz y las quince siglas que están bajo su cada vez menos blanco manto.

Hoy, tras el ataque indiscriminado y terrorista de Hamas contra Israel, no se puede estar en el Gobierno de un país de la Europa Occidental, sin condenar a Hamas. Luego, con punto y seguido se puede y se debe condenar la política de Netanyahu y su Gobierno y las brutales y hasta genocidas declaraciones de su ministro de Defensa, condenando a dos millones de personas que viven en la franja de Gaza a no tener ni alimentos, ni agua, ni electricidad. Los nazis en el Gueto de Varsovia no pueden servir de ejemplo.

En las elecciones de 2016, Unidas Podemos consiguió 71 escaños, los mismos que había conseguido un año antes. El 23 de julio de este 2023 aquella cifra se ha quedado en menos de la mitad y descendiendo. Si el actual presidente en funciones no consigue su objetivo y el 27 de noviembre se convocan nuevas elecciones para el 14 de enero, Sumar seguirá restando apoyos y puede que ni siquiera alcance los 21 que consiguió la Izquierda Unida de Julio Anguita. Votos que irán a parar al PSOE- por aquello de mantener el espíritu de la izquierda frente a la derecha, pero que no cambiará la actual suma de escaños en el Congreso.

El líder socialista necesita los 31 escaños que dice representar Yolanda Díaz (los 5 de Podemos están tan en el aire como los siete de Junts y hasta el solitario del BNG ) pero tiene la penosa tarea de convencer a la hoy vicepresidenta segunda de que no puede estar en un futuro Gobierno, dentro de una Europa cada vez más partida en dos y con España en el lado occidental, que es el que marca la realidad política.

Si la guerra de Ucrania ya había dividido al Gabinete y la propia Yolanda había dividido al grupo con el que se presentó a las elecciones, el renovado, sangriento, injustificable pero previsible último capítulo en la guerra entre israelíes y palestinos, hace que la presencia de la vicepresidenta y alguno de sus más fervientes defensores sea un ataque en toda regla a la figura del presidente y a su agenda política para los próximos cuatro años.

Si Sánchez no acaba políticamente más pronto que tarde con Díaz, será Yolanda la que acabe con Pedro. El problema a resolver es que en ese duelo interno de la izquierda sus dos máximos representantes conocen perfectamente a su adversario. Ir a nuevas elecciones sería una fracaso para toda la clase política pero puede que el menos perjudicado sea el PSOE, mientras que lo será y mucho todo el mundo que se aglutinó primero en Podemos, luego en Unidas Podemos, para terminar en Sumar.

La vicepresidenta ya ha dejado en el camino su propio rastro de cadáveres políticos, sin importarle lo más mínimo su ideología, sus propuestas y su presumida amistad. Es una auténtica “killer” a la que sólo pararán las urnas. Su fuerza de hoy no será su fuerza en ese electoral mañana. Sabe poco de geopolítica, poco de economía, muchos pocos que desembocan en un mucho. Se ha hecho fuerte en la moda y puede que tenga un futuro como influencer o tik toker pero si se mira en el espejo de Inés Arrimadas verá que cuando se empieza a descender en la escalará política se termina en el sótano.


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