NACIONAL

El teatral escenario de las urnas y los consejos que Puck da a la Reina Sofia

Raúl Heras | Jueves 29 de diciembre de 2022
Habrá que insistir cien veces y siempre serán pocas: los ciudadanos votamos para indicar a los dirigentes políticos lo que queremos que hagan, más por sentimientos que por conocimientos de sus programas políticos. Luego, esos mismos dirigentes, tras las sumas de votos y escaños negocian en secreto y cambian la voluntad de las urnas con enorme facilidad. En Madrid y en Barcelona. En Navarra y en Andalucia. Mandan los sillones y no los programas.

A los presidentes los eligen los 350 parlamentarios que se sientan en el Congreso, no los 30 millones de españoles que ayuden a las urnas. Y como todo está escrito desde hace siglos, a lo mejor la solución está en leer un poco más o un mucho más al británico y teatral Shakespeare y sobre todo colocar en sus slogan una de sus grandes frases, la que aparece en “Sueños de una noche de verano” aunque estamos en Primavera o en Invierno. Sus largas estancias en Londres, su dominio del inglés y sus lazos familiares representan una ventaja para la madre de Felipe VI, y también para la estabilidad de la España de hoy.
No está de más recordar que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se reunieron en secreto muchas veces durante los meses que van de abril de 2019 a enero de 2020 para hablar del gobierno de España, hasta que se convencieron de la inutilidad de sus respectivos noes y decidieron que la única forma de evitar unas tercera elecciones en apenas doce meses era conseguir más de 176 votos afirmativos en el Congreso, o menos si se tenía que ir a una segunda votación, que es lo que pasó al final. Sánchez consiguió mantenerse en la presidencia conseguida por el voto de censura e Iglesias sentarse como vicepresidente.
Menos ambiciosos se mostraron el hoy alcalde madrileño por el PP,. Martínez Almeida y el representante de Vox, Ortega Smith. Los dos, para cumplir con la tradición se reunieron en secreto bajo la atenta mirada de Begoña Villacís, que es lo mejor que queda en pie de Ciudadanos, para hablar del gobierno de Madrid pero se negaron a explicar lo que ya habían firmado.
En el PSOE no querían a Podemos y sus acompañantes de Izquierda Unida sentados en el Consejo de Ministros, pero las matemáticas cuentan hoy tanto como ayer y como, posiblemente, cuenten mañána. Por las mismas circunstancias. No basta con tener más votos, hay que tener más escaños en esa suma multipartidista en la que estamos. Los 120 votos en el Congreso que consiguió Sánchez no daban para tanto.
Veremos si con esos mismos e incluso menos, el actual presidente del Gobierno es capaz de mantener el sillón de La Moncloa. Tiene más mimbres a su disposición, uno a uno. Todo lo contrario que Núñez Feijóo, que es más que posible que tenga más votos y hasta más escaños pero que sólo pueda recurrir a Vox y sus representantes en el Hemiciclo para superar ese listón de los 176, que serán menos si el político gallego consigue que hay una abstención que rebaje el nivel de las mayorías necesarias.
Creen los socialistas, los que van a experimentar en primer lugar el desgaste o la buena forma de su Secretario General y del Gobierno de coalición en el próximo mayo, que la presencia de las sucesoras de Iglesias y Garzón son dos enormes riesgos que deben afrontan en sus respectivos territorios autonómicos. Riesgos que explican sus declaraciones como forma de explicar a sus votantes el “apoyo indirecto” que proporcionarían a la derecha en caso de cambiar sus votos o abstenerse.
Mientras tanto y a corto plazo los cuatro “grandes” partidos pueden retorcer la voluntad popular expresada en las urnas hasta límites que la hagan irreconocible. Empezando por la capital de la Nación y la Comunidad madrileña y terminando por una Barcelona en la que Ada Colau se ha quedó sin mayoría absoluta tras la ruptura de Ciudadanos con el afrancesado Valls y la huída del ex alcalde y ex ministro socialista Corbacho hacia las aguas de Albert Rivera. Tiempo que ya son tan pasado que se han vuelto irreconocible, como si no hubieran existido.
Unidas Podemos o lo que de verdad quede de esa unión puede sentirse atrapado sociológicamente dentro de la izquierda, y que sus dirigentes no tengan más remedio que concentrarse en torno a esa delicuescencense formación que se llama Sumar; aún más lo está Vox dentro de la derecha, afectado el partido de Santiago Abascal por las OPAS hostiles que les lanzan un día sí y otro también desde la sede central del PP y, sobre todo, desde el Gobierno madrileño de Isabel Diaz Ayuso..
Al PP de Alberto Níñez Feijóo, al igual que le pasó con su anterior presidente, Pablo Casado, lo están salvando de lo que parecía inevitable derrumbe tras perder cuatro elecciones que sucumbiera primero Albert Rivera y que ahora pueda ocurrir le lo mismo a Santiago Abascal. Las dos formaciones de estos últimos se nutrieron del Partido Popular que fundaron y armaron Manuel Fraga y José María Aznar, “metiendo” dentro de esas siglas a una parte de los socialdemócratas y liberales de los inicios de nuestra democracia, por una parte, y a casi todo el espectro de la ultraderecha que representó en su día el notario Blas Piñar.
Desgajados de ese tronco materno, Ciudadanos aspiraba a ocupar el liderazgo del bloque, y si fuera preciso a destruir la marca. no se conformó con su papel de bisagra entre los dos grandes; mientras que Vox, que aspiró a regresar a la vieja Alianza Popular de los primeros años de la Transición, hoy tiene que luchar por su supervivencia como partido minoritario y siempre sujeto a la Ley D´Hont y el cinco por ciento necesario en votos para tener representación en las instituciones. En cada provincia, en cada autonomía, en cada ayuntamiento esos pequeños dígitos te dan o te quitar la importancia con la que los partidos sueñam El que no llegue a esa cifra, desaparecerá del escenario político.
¿Podemos encontrarnos que en los próximos meses a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, transmutado en Yolanda Díaz, llegar a un acuerdo que permita la formación de un gobierno respaldado por aquellos 180 escaños de la moción de censura, o al menos los 166 que le permitieron mantenerse en La Moncloa tras dos citas electorales en apenas siete meses?. La posibilidad existe. Europa lo aplaudiría, los empresarios grandes y pequeños lo aplaudirían, el sistema financiero internacional lo aplaudiría. ¿Todos estos últimos preferirían al PP de Feijóo?, es posible que la respuesta sea sí, pero las dudas que no tenían hace tres meses se están convirtiendo en seguridad es.
Al otro lado del Atlántico, en la hoy demócrata Washingtón de Joe Biden, ocurre algo muy parecido. En Londres, pese al Brexit que le hunde un poco más cada día y las tensiones independentistas que ya han resurgido en Escocia e Irlanda tras las muerte de Isabel II, las miradas sobre España y su Monarquía confluyen en los “herederos” Ideológicos del que fuera Virrey de la India y gran profesor del Rey Carlos III, Lord Mounbatten, tio también de nuestra emérita Reina Sofia, convertida en la mejor embajadora y defensora de su hijo, Felipe VI.
A lo mejor lo que estamos viendo es una gran representación teatral en la que los dos protagonistas, como ocurre en el “Sueño de una noche de verano”, se despiertan y descubren que al igual que Teseo e Hipólita ellos también se aman. Puede que necesiten a un Puck que les recite el monólogo final de la comedia para que lo escuchemos todos: “Si nosotros, vanas sombras, os hemos ofendido, pensad sólo esto y todo está arreglado: que os habéis quedado aquí dormidos mientras han aparecido esas visiones. Y esta débil y humilde ficción no tendrá sino la inconsistencia de un sueño; amables espectadores, no nos reprendáis; si nos perdonáis, nos enmendaremos. Y, a fe de honrado Puck, que si hemos tenido la fortuna de escaparnos ahora del silbido de la serpiente, procuraremos corregirnos de inmediato”.

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