NACIONAL

El “almirante” Sánchez ordena zafarrancho de combate al PSOE

Raúl Heras | Miércoles 20 de julio de 2022

Zafarrancho de combate en el portaviones socialista anclado en la madrileña calle de Ferriz. Pedro Sánchez se ha vestido de almirante del PSOE y se dispone a cambiar a todos los mandos de la flotilla del puño y la rosa. Un único objetivo a trasladar a los futuros candidatos: hay que salir a ganar. El que no lo consiga tendrá que hacer las maletas y marcharse. Este sábado, 23 de julio de 2022, será de pasión para unos y de glorias por venir para otros.



Todos los partidos y grupos políticos, desde los históricos PP y PSOE hasta los más modernos y controvertidos cómo Podemos, Ciudadanos, Vox, Esquerra, Cup,Junts ..están intentando trasladar al futuro Parlamento que salga de las urnas de las futuras elecciones generales los resultados previos de las elecciones municipales y autonómicas que tendrán lugar en mayo 2023.
Un intento imposible dado que entre la aplicación de la Ley D'Hont a cada circunscripción electoral, y las diferencias históricas que existen en todas las Comunidades entre el voto municipal, el voto regional y el coto nacional, conocer con exactitud el número de parlamentarios que conseguirá cada uno de los concurrentes es contarse a uno mismo el cuento de la lechera.
Pueden pasarse una semana mirando números, porcentajes, historia electoral, acontecimientos que cambiaron o modificaron el voto, comparando resultados de las distintas citas con las urnas, y la conclusión evidente será que se pueden " pintar" con trazos gruesos los posibles resultados del mes de mayo, pero habrá provincias en las que el último escaño se adjudique por menos de cien papeletas.
Un ejemplo “ histórico” que le puede venir muy bien a Núñez Feijoo En 2011 el PP logró una nueva mayoría absoluta con 186 escaños, diez más de los que necesitaba para gobernar y decidir en solitario. Tuvo 500.000 votos más que en 2008 pero le bastaron para conseguir 32 sillones más en el Congreso. Por el contrario, los cuatro millones de votos perdidos por el PSOE le llevaron a perder 54 escaños y quedarse en los 110 de que dispuso Alfredo Pérez Rubalcaba en aquellos momentos.
Entre los dos grandes partidos controlaban a 296 parlamentarios y dejaban para el resto ochenta, que se distribuían entre CiU con 16, Izquierda Unida con 11 pese a tener 600.000 votos más en el conjunto de España, y un abanico de otros siete grupos que iban desde la extinta UPyD al tambaleante Compromis.
Las cosas han cambiado y mucho. Todos los estudios que se han hecho, se están haciendo y se harán coinciden en que el partido de Feijóo no pasará de 140 escaños en el mejor de los supuestos, y que el socialismo de Pedro Sánchez se quedará por debajo de los 120. Si se confirmara esta impresión, el PP necesitaría 36 escaños para conseguir la mayoría absoluta, una cifra que estaría rozando Santiago Abascal con un Vox a la baja. Sus votantes son intercambiables.
En el lado del centro izquierda las complicaciones son mucho mayores: con un PSOE en 120 o menos, llegar a 176 escaños requeriría de nuevo la suma de tres o más grupos, con Podemos que puede estar entre 20 y 30 parlamentarios si se mantiene la división de la izquierda y las votos se dispersan en cada una de las circunscripciones, y los 20 a los que pueden aspirarlos nacionalistas catalanes en conjunto, tanto los de derechas como los de izquierdas.
Se trataría para el actual presidente y secretario general del PSOE repetir el experimento electoral que le llevó a La Moncloa. Y en el resto de sillones pongamos al PNV, a Coalición Canaria, a Bildu, al Bloque gallego... Una atomización que me recuerda a los inicios de la democracia y la fragmentación que se intentó evitar con la famosa Ley D' Hont y su premio a los más votados.
Si el PP se queda por debajo de los 130 escaños, que es una posibilidad real, y el PSOE se queda en los comentados 120, sus dirigentes tendrán un problema de supervivencia, que sería lo de menos a efectos de país, pero la gobernabilidad de España tal vez llevaría a una nueva convocatoria electoral, dado que la búsqueda de mayorías obligaría a encajes extraños, salvo que, como se ha hecho en otros países con Alemania a la cabeza, los dos grandes decidieran por fin unirse en la " gran coalición" tantas veces comentaba y tantas veces rechazada.
El bipartidismo murió pero se resiste a su entierro. El resultado no es muy halagüeño para afrontar los retos que económicos , sociales y estructurales - con modificación constitucional incluida - que necesita España. Lo más probable y posible es que PP y PSOE sigan siendo los dos líderes con capacidad para formar gobierno y aprobar las medidas que habrá que tomar en el 2023, pero los egoísmos partidistas pueden tirar por tierra cualquier posibilidad de diálogo y cooperación.
Sin olvidar que de los resultados de las elecciones generales dependerán también, en un buen número de casos, los pactos previos que se hayan logrado en autonomías y ayuntamientos , que serán los que les hayan permitido gobernar a los actuales mandatarios o a sus adversarios. Algunas tan importantes como los de Madrid y Andalucia.

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