SOCIEDAD

Mis queridos hijos de puta

Jesús Quintero,
Diego Armario | Lunes 27 de julio de 2020
Jesús Quintero anunció hace unos meses que pensaba escribir un libro titulado “Mis queridos hijos de puta” pero no crean que se refería al plantel de delincuentes y clientes de frenopaticos a los que ha entrevistado a lo largo de su vida, gente de poca o media monta, sino a los poderosos de los medios de comunicación, colegas con los que se las ha tenido tiesas o políticos que intentaron doblegarle.

Conocí a Jesús Quintero en mis primeros años de aprendiz en la radio cuando yo era todo oido y curiosidades y él ejercía de poeta triste de la palabra más bella que yo jamás antes había escuchado.
Nadie como él ha sido capaz de prestar su oido atento y su voz silenciosa a la gente más humilde del mundo que le contaba sus miserias con la naturalidad del que habla con un colega, y también sus maldades,sufrimientos venganzas o abandonos, sus frutrados suicidios o sus indolentes crímenes, que es algo que jamas reconoce un condenado por la justicia de los hombres.

Pero ninguno de esos personajes son los hijos de puta que residen en su memoria, porque a ellos nunca les juzgó aunque los compadeció porque compartia con ellos una cierta cuota de locura.
Jesús Quintero no es una mala imitación de sí mismo ni está hecho de cartón piedra. ni es de los que se ofrece al mejor postor, y le importa un carajo lo que los demás digan o piensen de él.

Su vida ha sido una montaña rusa de la que a veces se ha bajado para tomarse un respiro, pero siempre ha regresado a las curvas peligrosas que es donde se citaba con sus entrevistados, gente de mal vivir, deudas a medio pagar e inmunes al arrepentimiento, y de tanto dejarles hablar cuando respondían a sus efímeras preguntas aprendió las razones de su condena.

Siempre he admirado a los locos educados, a los valientes de causas perdidas, a los que se rebelan inútilmente , a los Robinsones de las ciudades en las que se amontonan los cuerdos que están condenados a morirse de asco, a los que pelean por una revolución predestinada al fracaso, porque son la única esperanza de la bondad de lo inútil.
Pero lo que hoy se estila son los hijos de puta anonimos o famosos a los que Jesús Quintero quiere dedicarle su libro porque èl, que es más raro que los ratones coloraos, sigue siendo el único en el panorama de las vanidades efímeras y bien pagadas que sirven para alquilar voluntades en este mundo en el que cuanto más se presume de ser un periodista grande e influyente más frágiles son las costuras que cosen los trajes con los que se disfrazam de íntegros e independientes, Quintero sigue vistiendo la moda austera de la coherencia.

Visto este parorama no me extraña que Quintero esté en el empeño de publicar esa historia de sus queridos hijos de puta.
Yo en cambio no les concedo ese honor a los míos: me basta con describirlos .