Antiguo

El pecado del librepensador

Diego Armario | Miércoles 10 de junio de 2015

Raif Badawi es un ciudadano de Arabia Saudi, casado y con tres hijos pequeños, que ha cometido un pecado muy grave en un país islámico. Ha pedido la separación del Estado y la religión, y lo ha hecho desde su blog en el que expresa habitualmente sus opiniones.



Raif es un librepensador y ese es un pecado imperdonable en muchos países del mundo, pero especialmente en las dictaduras.

Pensar por sí mismo, ir contracorriente, ser políticamente incorrecto y enfrentarse con la fuerza de la palabra al poder que no tolera la disidencia, tiene sus riesgos, especialmente en las dictaduras, y mucho más en los regímenes religiosos, que están fanatizadas.

Arabia saudí ha ratificado la condena de diez años de cárcel y mil latigazos, más otros diez años sin poder salir del pais, contra el bloguero Raif Badaw, considerado culpable de “insultar al Islam a través de medios electrónicos” por haber difundido sus ideas a través de Internet.

Badawi recibió sus primeros cincuenta latigazos el segundo viernes del pasado enero, en una plaza pública de Yeddah, la segunda ciudad de Arabia Saudí. La siguiente tanda de azotes fue suspendida por recomendación médica. Po cierto el abogado defensor de bloguero también ha sido detenido.

Desde que fue detenido, cada viernes hay concentraciones ante las embajadas saudíes en numerosas capitales europeas, así como en EE. UU. y Canadá, pero el nuevo Rey saudí hace oídos sordos a cualquier petición, porque las autoridades de esos países cuyos ciudadanos protestan, tienen como cliente preferente esta dictadura islámica.

Los que vivimos en un mundo libre no podemos dejar de reconocer que este mundo es incoherente con los principios que proclama y no siempre defiende, porque nuestros socios, en numerosas ocasiones no respetan los derechos humanos que nosotros decimos defender.

Arabia saudí es uno de los países más ricos del mundo y sus dirigentes son recibidos en todas partes con los brazos abiertos y las carteras preparadas.

Habrá que reconocer que, en política, a un amigo rico se le perdona todo, aunque sea inmoral lo que hace