NACIONAL

García Page, la única alternativa para salvar al PSOE si ZP arrastra a Sánchez

Raúl Heras | Martes 26 de mayo de 2026

El presidente de Castilla-La Mancha, quiera o no quiera en estos momentos, es la única alternativa que tiene el PSOE para salvarse como partido si las acusaciones que hace el juez Calama al expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, siguen adelante y precipitan su caída política y social. La judicial tardará muchos meses en resolverse y, antes de hacerlo, se habrán celebrado elecciones autonómicas, municipales y generales. El resultado final del caso, con condenas o absoluciones, ya no evitará las consecuencias electorales de los próximos meses.



La defensa que ha hecho Pedro Sánchez de su compañero frente a los 350 parlamentarios que se sentaban en el hemiciclo del Congreso ha sido tan cerrada y total que no admite marcha atrás. Si Zapatero cae ante la opinión pública en general y ante la militancia y los votantes del PSOE en particular, caerá Sánchez y, en la doble caída, arrastrarán a todo el partido.

Sin liderazgos alternativos en ninguna de las federaciones socialistas y sin referencias sociales en aquellas que más parlamentarios aportan al Congreso y al Senado, que es de donde salen los presidentes tras las correspondientes sesiones de investidura, la única solución que le va a quedar al PSOE es “obligar” a Emiliano García-Page, la voz discordante, el dirigente molesto con el aparato de Ferraz y con el Gobierno por sus reiteradas críticas a los pactos de Sánchez con el independentismo y la izquierda radical, a que asuma el liderazgo e intente un cambio radical en la imagen que se ha trasladado a la sociedad con la suma de casos de corrupción y decisiones judiciales.

Con experiencia de gobierno y una larga carrera política desde sus tiempos de persona de confianza de José Bono, cuando este era presidente de Castilla-La Mancha y luego ministro de Defensa y presidente del Congreso, Page representa la moderación y el equilibrio dentro del PSOE, entre otras razones por ser la única vía que tiene en su territorio para ganar las elecciones frente a la derecha, como ya ha demostrado.

Para muchos de sus compañeros de militancia será un líder incómodo y hasta un elemento perturbador que le hace el juego a la derecha, sobre todo para los que confían en la estructura de poder que ha creado desde hace ocho años Pedro Sánchez.

Les gustará a unos y puede que les disguste a una mayoría, pero la realidad política tiene sus tiempos y sus normas de funcionamiento. Zapatero fue elegido secretario general de forma inesperada en un congreso en el que José Bono era el indiscutible favorito. Menos de diez votos cambiaron la historia. Lo mismo le ocurrió al PP con Mariano Rajoy y con Pablo Casado. Y volvió a pasar con Pedro Sánchez al ganar una moción de censura que no había ganado nadie.

La situación política va a caminar de forma paralela a la judicial, tanto en los casos ya conocidos de Ábalos, Koldo, Cerdán y la mujer y el hermano de Pedro Sánchez, como en el más importante y voluminoso de Rodríguez Zapatero. Las elecciones tienen un calendario fijo, mientras que los tiempos judiciales se alargarán mucho más y puede que, cuando se resuelvan, el Gobierno de España tenga otro color y las situaciones sociológicas hayan cambiado.

Es un imposible que, tras su auto, el juez Calama retroceda en sus imputaciones: tras tomar declaración a ZP el día 2 o en otra fecha más tarde, si el abogado Víctor Moreno Catena, elegido para su defensa por el expresidente, solicita un aplazamiento para estudiar en profundidad el auto de acusación, lo normal y lógico es que, como mínimo, decrete medidas cautelares.

En ese escenario, que se prolongará durante meses, el PSOE tendrá que moverse en su interior, al margen de lo que haga su secretario general y presidente del Gobierno. Ahí aparecerá el presidente de Castilla-La Mancha, de la misma forma que lo hizo su antiguo mentor tras los fracasos en el adiós de Felipe González. La historia tiende a jugar con los protagonistas.


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