NACIONAL

Ni el PP, ni el PSOE quieren a IU y Vox pero los necesitan

Raúl Heras | Martes 21 de abril de 2026

Ninguno de los dos grandes partidos que conforman la democracia española quiere a sus “pequeños ayudantes” para gobernar. Les gustan, desde siempre, las mayorías absolutas, pero incluso en esas condiciones prefieren a las formaciones nacionalistas para que les ayuden a conseguir la victoria en el Congreso que permita a su líder formar gobierno y mandar durante cuatro años. Desde hace ocho años le ocurre al PSOE de Pedro Sánchez a nivel nacional y le ocurre al PP de Alberto Núñez Feijóo a nivel autonómico y municipal.



Ni la Izquierda Unida de Antonio Maillo y sus aliados, ni el Vox de Santiago Abascal pueden disputarles la hegemonía dentro de la izquierda y la derecha, ya lo han asumido tras soñar con esa posibilidad de convertirse en los referentes de las tres Españas. Centrados en su papel de escuderos del poder, a lo que aspiran es a mantenerse, a no desaparecer y a vender lo más caro posible sus votos y sus necesarios escaños.

En esa constante democrática lo vimos con los anteriores presidentes y lo estamos viendo con los actuales, desde Extremadura a Andalucía, y lo veremos con total claridad en el futuro mayo de 2017 con las elecciones municipales y autonómicas que quedan. Las generales serán el fin de fiesta para cada uno de ellos.

Hacer de la necesidad virtud es una vieja máxima que se aplica a la vida pública de forma constante. Ni a los populares les gusta la existencia de Vox, ni a los socialistas que se mantenga la dispersa suma de formaciones a su izquierda. Lo asumen como un mal menor y ya han demostrado, muchas veces, que llegados a ese punto en el que lo que cuenta es la suma de escaños, en todas sus “necesidades”, si los números las hacen posibles, prefieren tener como socios parlamentarios a los nacionalismos antes que a sus semejantes ideológicos.

Se ha cumplido esta regla o se va a cumplir en las tres últimas elecciones autonómicas, y salvo que Juanma Moreno vuelva a conseguir la mayoría absoluta se hará en Andalucía. Llegar o mantener el ejercicio del poder obliga a sacrificar una parte muy pequeña de las promesas electorales, ninguna del cuerpo central de las mismas.

El PP y Vox se parecen como dos gotas de agua en el noventa por ciento de sus programas y ofertas a la ciudadanía; se diferencian en la intensidad de alguna de ellas, como pueden ser en estos momentos la emigración o las diferencias de género, pero coinciden en todo lo básico de la vida diaria de los españoles. Y lo mismo ocurre con el PSOE y sus socios del resto de la izquierda.

La diferencia entre Sánchez y Feijóo puede parecer muy grande a la hora de gobernar, pero la historia de los últimos casi cincuenta años lo desmienten. Su capacidad de maniobra está limitada por las exigencias internacionales a nivel global y europeo y se pueden mover en una pequeña horquilla de apenas un punto del PIB nacional respecto al resto de los países de su entorno.

Con la globalización y la presencia renovada de las dos grandes naciones que aspiran a dominar el escenario mundial, Estados Unidos y China, esas diferencias son aún menores, por mucho que las declaraciones políticas y las ofertas electorales intenten alejar los parecidos. El PSOE siempre ha negociado y obtenido el apoyo de las fuerzas independentistas de Cataluña y el País Vasco, y lo mismo le ha pasado al PP en menor escala al no tener la misma presencia en esos dos territorios.


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