NACIONAL

Abascal se debate entre ser el escudero del PP o esperar a las generales

Raúl Heras | Miércoles 08 de abril de 2026
El presidente de Vox cuenta con el apoyo internacional de la derecha más dura e intransigente en temas como la emigración, la ecología o el feminismo, representado en líderes políticos tan distintos como el norteamericano Trump, el argentino Milei y el húngaro Orban, por no alargar demasiado la lista con el salvadoreño Bukele, el chileno Kast, el británico Farage y el holandés Wilders. En España le respaldan más de tres millones de votos y 33 diputados, los obtenidos en las elecciones generales de 2023, a los que hay que añadir los que se han sumado en los últimos comicios autonómicos. Tuvo más poder en 2019, con sus 52 escaños y tres millones seiscientos mil sufragios. Cuatro años de bajón popular para en los últimos doce meses volver a subir tras la legada al poder de Donald Trump.

Con esos datos, ¿es lógico que Santiago Abascal sienta miedo político por su futuro?. La respuesta es sí, por dos razones: por el giro a la derecha de su competidor en ese sector del electorado, el Partido Popular, sobre todo en la Comunidad de Madrid con Isabel Díaz Ayuso; y por los ejemplos que tiene en lo ocurrido en otras formaciones parecidas a la suya cuando han entrado a gobernar con uno de los dos partidos mayoritarios y tradiciones. Desapareció Ciudadanos, ha desaparecido Podemos y ese futuro de hacer de escudero gubernamental hasta ser fagocitado es lo que le preocupa, lejos de su primitiva ambición, el de convertirse en primera fuerza de la derecha española.

Desde el PP, por boca de su presidente, Alberto Núñez Feijóo, y del resto de su equipo de confianza y de los dirigentes autonómicos, que deben pasar por sus respectivos debates de investidura, insisten en que Vox debe apoyar la formación de los futuros gobiernos y evitar la repetición de elecciones. Ahí es donde a Abascal y los suyos les surgen los temores y las dudas: si entran a gobernar, tras pactar un programa y unos sillones, que son cuotas de poder que se extienden más allá de los equipos de gobiernos; si apoyan el proceso de investidura pero se mantienen fuera de los equipos Ejecutivos; o si se mantiene en su rechazo al bipartidismo - sobre todo tras lo que consideran ataques externos hacia algunos de los ya dirigentes - y espera a la convocatoria de elecciones generales, manteniendo sus ataques al socialismo de Pedro Sánchez, pero también al populismo de Núñez Feijóo.

Tendrá que decidirlo en las próximas semanas, con un punto de inflexión que serán las elecciones andaluzas del 17 de mayo. Puede esperar aprovechando los grandes juicios que ya han comenzado y en los que aparecen dirigentes y ex dirigentes del PSOE y de del PP, lo que le puede llevar hasta el verano, pero no para superar el otoño. Utilizar las guerras de Iran y Ucrania y la convulsión internacional, que se ha producido y está alterando el equilibrio inestable, pero equilibrio político global al fin y al cabo, es tan peligroso como la acción de “mojarse” en la gobernanza de los problemas cotidianos de los españoles. De la respuesta que de Abascal depende el futuro de Vox y del conjunto de la derecha, que tiene a un simple paso la conquista del poder.


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