ECONOMIA

Recalibrando...

José Manuel Pazos | Lunes 16 de marzo de 2026

Las bolsas europeas ya acumulan correcciones cercanas al 7-8%, mientras que en EE.UU. el ajuste no llega al 4%. Y es que Europa importa energía y EE.UU. la exporta. Ha subido también la volatilidad, pero más aquí. Allí a 24, frente a una media histórica de 19; aquí, a 30. Se detecta salida de capitales de los países emergentes más dependientes de la energía importada. Lo contrario ocurre en Canadá y Noruega. En la parte positiva, no hay síntomas de graves tensiones en los mercados de crédito. Se concentra sobre todo en el mercado energético.



PETROLEO-GAS-ELECTRIDIDAD

Detrás de estos movimientos hay factores geopolíticos, pero también logísticos. El tránsito en el Golfo se ha visto alterado y, aunque parte del petróleo puede desviarse por oleoductos, la capacidad es limitada: apenas cuatro millones ahora, que llegarán a siete, de los veinte que atraviesan la región. La capacidad de sustituir rápidamente el transporte marítimo es escasa, de modo que las perturbaciones del tráfico marítimo provocan impactos desproporcionados en los precios.

La falta de transporte está provocando acumulación de crudo en las terminales, obligando a anunciar recortes temporales de producción. No es posible que todos los buques puedan ser escoltados. El problema con el gas es mayor, porque la capacidad de redirección es mucho más limitada.

El efecto se ha transmitido rápidamente al precio de la electricidad. En Alemania, el precio mayorista sube cerca de un 40% en apenas dos semanas, una economía intensiva en consumo de energía y cuyo crecimiento en 2026 constituye el núcleo de las expectativas de la eurozona. El encarecimiento de la electricidad se traduce tanto en inflación directa como en mayores costes de producción.

Todo esto es suficiente para alterar las expectativas globales de política monetaria. Los mercados monetarios ya han empezado a reflejar este cambio. En EE.UU., donde hasta hace poco se descontaban dos recortes de tipos de la Reserva Federal, ahora se espera uno. En Europa el ajuste ha sido aún más significativo: algunos tramos del mercado empiezan a descontar incluso la posibilidad de una subida de tipos del BCE en otoño si el shock energético se traduce en presiones inflacionistas más persistentes. Recalibrado constante.

LO USUAL Y LO INUSUAL

La duración de la perturbación energética es clave. El escenario central que valoran los mercados es una crisis intensa, pero limitada en el tiempo. No es lo mismo que el shock provocado por la invasión rusa de Ucrania, que retiró de forma permanente grandes volúmenes de gas del mercado europeo. Ahora se trata de disrupciones y de incertidumbre sobre el tránsito de energía. Esto no elimina los riesgos.

Si las tensiones en la región se prolongaran durante varios meses -por ejemplo, hasta el verano-, el impacto sobre la inflación podría ser mayor y el crecimiento europeo regresar a niveles muy reducidos, al tiempo que se incrementarían las expectativas de subidas de tipos. Pero incluso sin llegar a ese escenario, el efecto más inmediato ya es muy visible: aumento significativo de la volatilidad, encarecimiento de la energía y alteración en las expectativas de política monetaria. Sin embargo, la evolución de los activos considerados refugio no responde todavía a los parámetros usuales en circunstancias semejantes a las actuales. El dólar se ha fortalecido, pero no tanto como cabría esperar ante una crisis geopolítica de esta magnitud. Lo mismo el oro. Cabe que en ambos casos la respuesta no responda tanto a la búsqueda de refugio como a reducir riesgos tomados con carácter previo a la crisis.