Durante todo el pasado fin de semana, mientras los bombardeos sobre Iran y sobre el sur del Libano se intensificaban por parte de Estados Unidos e Israel, Donald Trump reunía en una de sus campos de golf en Miami a los dirigentes de doce países latinomaericanos que están gobernados por la derecha más afín a sus intereses. Desde la Argentina de Javier Milei al Paraguay de Santiago Peña, todos los mandatarios han pasado por el examen de fidelidad a la doctrina del “right golf”, esa forma de ver el nuevo mundo que pretende imponer el presidente USA desde su afición favorita, el golf.
En el Trump National Doral han estado Nayib Bukele, Daniel Noboa, José Antonio Kast, Rodrigo Chaves, Luís Abinader, Raúl Mulino, el hondureño Asfura y hasta el presidente de Trinidad-Tobago, Persad Bissessar. Las dos conclusiones más importantes son: la lucha total contra el narcotráfico que llega de esos países a Norteamerica, y la contención de la expansión de China en toda la América que está por debajo de México. Otros ocho países e han quedado fuera de la cumbre: el propio México, Brasil, Colombia, Cuba, Nicaragua, Puerto Rico y Venezuela, los que firmaron el pacto que dió lugar a la creació del Grupo de Puebla, el que tuvo una responsabilidad creciente el ex presidente español, José Luís Rodríguez Zapatero.
En un año, Donald Trump ha recuperado la Doctrina Monroe en su máxima expresión: “America para los americanos”, siempre que unos muchos acepten la voluntad del que manda. Doscientos años más tarde la voluntad de control por parte de Washington es la misma. La intervención en Venezuela, la detención de Nicolás Maduro y el dominio sobre el gobierno de Delcy Rodríguez, han sido claves para que los doce invitados a la cumbre de Miami hayan tomado nota de lo que está en juego. Apoyos financieros y militares si se mantienen alineados con Estados Unidos; e inestablidad en sus respectivos países si se “desvían” de la ola derechista que se expande por todo el mundo.
Los ejemplos más claros son Argentina con Javier Milei y El Salvador con Nayib Bukele. Las reformas sociales y económicas están cambiando de forma radical sus países, algo a lo que aspiran el resto de presidentes, necesitados de inversiones para su desarrollo y, sobre todo, ayuda para controlar la deriva de los carteles de la droga que arrasan las estructuras de seguridad gracias a las enormes sumas de dinero que manejan.