Uno de los problemas más “changos” que le ocurrió a Felipe González al final de su mandato cuando se le amontonaron los casos de corrupción, de fondos reservados, del Gal, etc, que le han llevado a decir años después que tenía que haberse ido mucho antes y no presentarse a las elecciones de 1996, el más tonto –por decirlo de alguna manera- fue el escándalo que le montó el director general de la Guardia Civil, Luis Roldán cuando alguien vendió a Interviú las fotos de sus orgías sexuales, y que Roldán acabó complicando y huyendo de España hasta entregarse a la policía en Laos y que acabó con el entonces ministro de Interior Antonio Asunción.
Un escándalo sexual en el centro de la cúpula policial es lo que le faltaba a Pedro Sánchez para rematar la retahíla de polémicas judiciales y extrajudiciales que han recaído sobre el presidente socialista en los últimos años y que él afronta como si no pasara nada demostrando una resistencia más propia de un corredor de maratón cuando tiene que afrontar los famosos 42, 195 kilómetros. Mucha gente se creyó que su carta de abril de 2024 cuando aseguraba que se estaba pensando dejar la política ante la persecución judicial a que se estaba sometiendo a Begoña Gómez. Si era mentira lo que le ha ocurrido desde entonces no ha sido más que empeorar su situación política y personal.
La dimisión inmediata del DAO (Director adjunto Operativo), José Angel González al que el gobierno de Sánchez prorrogó su vida activa en noviembre de 2024, poco antes de tener que jubilarse a los 65 años, escudándose en que era necesario mantenerle en el caso de emergencia nacional causada por la dana valenciana, no va a cortar de raíz las críticas hacia el ministro de Interior, Fernando Grande Marlaska, que debería haber estado al tanto de las acusaciones de una agente de policía que acusa al DAO nada menos que de haberla violado. Es algo parecido a que Sánchez no hubiera siquiera oído rumores de los chanchullos de sus secretarios de organización, Abalos y Cerdán.
Si Sánchez piensa que todo esto que le está cayendo encima va a escampar y que tras la tempestad llega la calma, se equivoca porque no puede más que complicarse a pesar de los apoyos incondicionales que recibe de sus más de cien asesores que le animan todos los días en La Moncloa y de las cifras triunfales que le lee todos los meses José Félix Tezanos, incluso a pesar de la inutilidad de Feijóo para lograr la mayoría en el Congreso y de la mano que le echa Vox con sus soflamas.