ECONOMIA

¿Está Europa dispuesta?

José Manuel Pazos | Martes 17 de febrero de 2026

El dilema europeo hace mucho que no reside en cómo responder a decisiones concretas de Estados Unidos o a la expansión comercial de China, sino en definir la naturaleza de su propio modelo económico en un entorno muy diferente. Las advertencias vienen de lejos, pero los informes Draghi y Letta sirven de espejo. La disyuntiva que Europa enfrenta es la de profundizar en su integración para competir con las otras potencias, o deriva hacia formas de proteccionismo, aunque sea sectorial, como mecanismo de defensa.



COOPERACION REFORZADA

Es el debate que está teniendo lugar. Son dos aproximaciones diferentes. Una, inclinada al proteccionismo selectivo, que enfatiza la necesidad de preservar sectores críticos frente a la competencia externa, incluso a costa de introducir distorsiones en el mercado interior. Otra, manifiesta que la principal debilidad europea no es la exposición al exterior, sino la fragmentación interna: mercados de capitales sin desarrollar, marcos regulatorios diferentes, y la ausencia de un activo seguro común que consolide el papel internacional del euro. Ambas lecturas reconocen la urgencia, pero difieren en el diagnóstico y el tratamiento.

La propuesta de avanzar a dos velocidades, o como se referencia en los discursos, “la cooperación reforzada”, ha de interpretarse no como un gesto político, sino como la forma de superar las restricciones determinadas por el funcionamiento de la UE. La cooperación reforzada aparece como mecanismo de supervivencia institucional, no como ruptura. Es la forma de eludir la parálisis.

El impulso a los eurobonos y el euro digital pasa a considerarse algo urgente. Con los eurobonos se busca la creación de un activo europeo de referencia capaz de absorber ahorro global y de financiar inversión crítica sin depender directamente de las balanzas fiscales nacionales. El euro digital responde a la necesidad de disponer de una infraestructura de pagos propia, autónoma tecnológicamente, y desde donde poder asomarse a competir con el dólar en un terreno en el que basa una parte fundamental de su poder, los mercados y sus redes financieras.

LA LENTITUD NO ES NEUTRAL

La pregunta es si está Europa dispuesta a aceptar las implicaciones políticas de estos pasos. Integrar mercados de capitales, mutualizar riesgos o armonizar supervisiones implica cesión efectiva de competencias. El proteccionismo, en cambio, preserva soberanías formales, pero reduce eficiencia y encarece la transición tecnológica. No puede hablarse estrictamente de bloques, porque las posiciones son más complejas y están repletas de matices, pero si hubiera que identificar países con posiciones, Francia, España y Bélgica pueden representar la postura más cercana al proteccionismo, mientras Italia y Alemania representan posiciones proclives a una mayor integración y apertura a competir con el exterior.

La urgencia se manifiesta de dos formas. La primera es temporal: si no se alcanza consenso, algunos avanzarán sin todos. La segunda es estratégica: la competencia ya no se define por costes relativos, sino por capacidad tecnológica, acceso a financiación y coherencia institucional. En ese entorno, la lentitud no es neutral. Europa no debe elegir entre apertura y protección en abstracto, sino entre fragmentación o escala. La protección puede ofrecer margen en el corto plazo; pero es la integración la que determina la posición en el largo y es donde se decide la relevancia de un bloque.