La política española ha entrado en una encrucijada muy embarullada donde todo puede ocurrir: a la creciente subida electoral de Vox en todos los frentes, se une el calvario judicial por el que va a pasar Pedro Sánchez, el hostigamiento de Trump a Europa, a los que se unen ahora sucesos imprevistos como la enfermedad del presidente de la Generalitat o el grave accidente de tren en Córdoba que, sin lugar a dudas, va a afectar al ministro de Transportes, látigo de la oposición, al que se le venía criticando mucho por las deficiencias en las líneas ferroviarias.
No hay más que recordar el desastre del buque petrolero Prestige que contaminó gravemente las costas de Galicia en 2002, y que situó al entonces presidente gallego, Manuel Fraga, en la diana de la oposición socialista, o el accidente aéreo ocurrido el día 26 de mayo de 2003 en Trabzon (Turquía) en el que fallecieron 72 militares españoles procedentes de Afganistán, que acabó con la vida política del entonces el ministro de Defensa, Federico Trillo, o la crisis de las hipotecas subprime de 2008, con las que la oposición de la derecha desgastó a José Luis Rodríguez Zapatero, o la tragedia causada por la Dana en Valencia, que le ha costado el puesto al presidente Carlos Mazón, por solo citar las más conocidas. Y no hay duda que el grave accidente de los dos Aves en Córdoba va a gravitar sobre el gobierno de Sánchez en los próximos meses.
El propio Pedro Sánchez ha puesto en marcha a sus ministros y a los medios de comunicación afines en una especie cura de urgencia para ponerse la venda antes que la herida comience a sangrar y para criticar los “bulos” que, según ellos, se va a inventar la oposición para echarle la culpa política al ministro Oscar Puente, seguramente al que más ganas tienen por sus frecuentes salidas de tono con que ataca a la oposición.
Si la política española entrase en las casas de juego que copan las madrugadas todas las televisiones sería muy difícil acertar con lo que va a pasar a partir de ahora con cada uno de sus protagonistas porque cualquier aleteo de una mariposa puede hacer caer el castillo de naipes sobre el que está montado el futuro de Sánchez, Feijóo. Abascal, Yolanda Díaz, Irene Montero…y los líderes regionales que tienen que pasar por las urnas enseguida: Aragón, Castilla y León o Andalucía.
Estamos en un terreno pantanoso en el que la enfermedad de un dirigente político o un accidente grave de tren pueden actuar como catalizadores de un incendio que nadie se esperaba. Ya se sabe que en política todo vale y al igual que los socialistas lanzaron a las víctimas de la dana valenciana contra el PP, los partidarios de Feijóo van a añadir un nuevo elemento a su intento de descabalgar a Sánchez de La Moncloa, pidiendo responsabilidades políticas al ministro Oscar Puente.
El hecho de que Vox consiga subir en las encuestas no solo a costa del PP, sino del PSOE y hasta de la izquierda que en su día pudo votar a Podemos, hace que ya nadie dude de una victoria de la derecha en las próximas elecciones y que el “efecto ultra” que hizo posible que Sánchez lograra ser investido en 2023 parece cada vez más imposible.
Las primeras elecciones de 2026, las de Aragón el 8 de febrero deberían ser un paseo triunfal para la coalición PP-Vox aunque también podría ocurrir que Jorge Azcón, que está usando muy bien el anuncio socialista de conceder unilateralmente 5.000 millones a Cataluña , lograra frenar la fuga de votos hacia Vox y lograr la mayoría absoluta de 34 escaños, aunque es difícil de pronosticar tras la experiencia de Extremadura. La millonada que ganaría el apostador que le diese la victoria a Pilar Alegría en su quiniela.