Las graves acusaciones de agresiones sexuales contra el cantante Julio Iglesias, que se remontan a 2021, cuando ya tenía 78 años, han causado un gran impacto mediático aunque su recorrido judicial vaya a ser mucho menos seguro. Un caso donde no se sabe donde empieza la lucha feminista ni donde se acaba mezclando con la política.
Ya solo el hecho de que las denuncias de dos antiguas empleadas se haya traído a España demuestra un cierto interés de convertir los presuntos delitos del cantante en un “me too” del feminismo español tras los casos del tenor Plácido Domingo, del ex presidente de la Federación de fútbol, Rubiales, y del ex dirigente de Más Madrid y Podemos, Iñigo Errejón, para acabar mezclándolo y convertirlo por algunos en un arma política.
Tres años ha costado a los periodistas de la cadena norteamericana de Univisión (familias Azcárraga y Cisneros) y del periódico español ElDiario.es, lograr reunir los testimonios de las ex trabajadoras , una sirvienta doméstica dominicana y una fisioterapeuta venezolana, y tratar de corroborarlos con otras fuentes (ex trabajadores, psicólogos de las víctimas, etc) y con documentos, a los que se han añadido en los últimos días decenas de videos televisivos donde se ve a Julio Iglesias tratando de dar besos en los labios a presentadoras, actrices y cantantes. Como decía uno de los tertulianos que le conocían: “un tocón”.
La modelo haitiana Vaitiare Hirshon, que convivió con Iglesias durante varios años, ya contó en 2010 en su libro “Muñeca de trapo” el trato que daba el cantante a las mujeres y a ella misma: “No digo nada pero me siento sucia (...). Cada noche hay una mujer distinta en nuestra cama, son como él las quiere, de senos grandes y dispuestas a todo. Son sombras que me abrazan, me hacen el amor, me comparten con él”. Lo raro es que no haya habido otras denuncias antes
Si a eso le añadimos las continuas meteduras de pata de Isabel Díaz Ayuso, y de otros dirigentes de la derecha, afirmando que “las mujeres violadas y atacadas está en Irán” tras la “provocación” del partido de la ministra de Mas Madrid, Mónica García, pidiendo que se le retire ya al cantante la medalla de oro de la Comunidad madrileña, nada más salir la denuncia, estamos en un claro intento de convertir el caso en una nueva batalla entre derecha e izquierda, donde a nadie le acabará interesando la tragedia de las víctimas.
No hay más que ver las fotos de Julio Iglesias con José María Aznar en los mítines históricos en el Campo de Fútbol del Valencia o en la Plaza de Toros de Zaragoza, cuando el cantante se echó al ruedo para apoyar al líder del PP en las elecciones de 1996 y acabar con los 13 años de gobiernos socialista de Felipe González.
Hace dos meses fue noticia otra denuncia de una mujer que afirmaba haber sido agredida sexualmente por el ex presidente Adolfo Suárez, fallecido en 2014, con la connivencia de sus allegados, y nada más se ha sabido de ello, salvo que la denunciante se ha reunido hace poco con la ministra de Igualdad, Ana Redondo, confirmando el ministerio que el encuentro “tuvo lugar hace unos días y por interés de ambas partes”. Hasta ahora no se sabe si el caso tendrá recorrido judicial o no.
El caso de las denuncias contra el tenor Plácido Domingo, al que no menos de 20 mujeres le acusaron de agresiones sexuales, se saldó en Estados Unidos con un informe del sindicato estadounidense de artistas de ópera, que concluyó que Plácido Domingo acosó sexualmente a varias mujeres y abusó de su posición de autoridad al ocupar puestos altos en la Ópera Nacional de Washington y la de Los Ángeles, sin que en España, ni en Europa, se le abriera ninguna investigación.
La denuncia de la futbolista Jenifer Hermoso contra el ex presidente federativo, Luis Rubiales, por el beso en la boca que éste le dio al felicitarla por tras la victoria de la selección española en la Copa del Mundo Australia (1923), produjo una fuerte batalla política por ser la primera figura poderosa al que se le aplicó la ley del “solo sí es sí”, que acabó con el cese de Rubiales, aunque judicialmente se concluyó condenándole a pagar una multa de 10.800 euros en cuotas por el delito de agresión sexual y a no acercarse a menos de 800 metros de la futbolista durante un año.
Otro escándalo político-sexual acabó con la vida política del número dos de Sumar y Más Madrid, Iñigo Errejón, acusado de manera anónima por varias mujeres y solo denunciado ante la Justicia por la actriz Elisa Mouliaá que está pendiente de que se le abra el juicio oral aunque la fiscalía no apoya las conclusiones del juez Carretero cuando expone que Errejón "dio un beso inconsentido, realizó tocamientos sexuales con un leve forcejeo e intentó un tocamiento sexual desistiendo ante la oposición de la víctima", ya que "no ha quedado suficientemente justificada la perpetración del delito" y que los indicios son insuficientes para sentar a Errejón en el banquillo.