NACIONAL

Ya ha llegado el lobo de la extrema derecha

Rafael Gómez Parra | Martes 13 de enero de 2026

Pedro Sánchez y gran parte de los grupos situados a su izquierda han venido utilizando la fórmula de “que viene la extrema derecha” para tratar de convencer al electorado español de que se volcase en las urnas en apoyo del gobierno de coalición del PSOE con sus socios. Y resulta que, a pesar de todo el “lobo” ya está aquí y las encuestas dan a Vox un incremento muy notable hasta llegar casi a los 60 diputados a costa tanto del PSOE como del PP. Y lo más curioso y sonrojante es que ahora los líderes de estos partido de izquierda se culpan unos a otros de haber causado el auge de la extrema derecha.



Lo que está provocando el crecimiento de la extrema derecha en España es precisamente los errores y fallos garrafales de todos los partidos que conforman –o han formado- parte de l gobierno “más progresista de la transición” que han venido prometiendo en sus programas arreglar los graves problemas que afectan a la mayoría de los españoles: la vivienda, el trabajo, el transporte, las comunicaciones, el coste de los hijos, la inflación alimentaria y energética, etc, sin que hayan cumplido ni una sola de sus promesas.

Ni han resuelto el problema de los más de 8 millones de españoles pobres, a pesar de haber cargado parte de las medidas solidarias no a cargo del Estado, sino al de otros ciudadanos que pagan sus impuestos, tales como un recargo en el recibo de la luz para que las grandes eléctricas no corten la luz a los que no pueden pagarla, o creando un clima de miedo e incertidumbre entre los propietarios de casas en alquiler que ha aprovechado la extrema derecha para crecer entre este electorado que es muy alto.

Una y otra vez vuelven a insistir en cargar sobre la mayoría de los trabajadores – no sobre los ricos que tienen miles de manera de burlar la ley- fórmulas de solidaridad que se parecen más a la caridad con que se mueve la Iglesia Católica o los Bancos de Alimentos (menudo nombre) que dirigen ricos gurús de la filantropía. Y eso les ha llevado al fracaso más absoluto.

Ni siquiera las medidas de la vicepresidenta de Trabajo, Yolanda Díaz, batallando por la subida del salario mínimo o por el aumento de los días de permiso para cuidar a los hijos o para acudir al entierro de sus familiares, han tenido el impacto que preveía entre una población que encuentra trabajo en pequeñas empresas donde difícilmente los empleados se atreven siquiera a plantearlas por miedo al despido, sin que sientan que el Estado les vaya a proteger. Desde luego los grandes sindicatos no, prefieren tratar con las grandes empresas o con las empresas públicas, donde todo es más fácil.

La gran bandera del feminismo con que la izquierda había logrado muchas victorias ante una derecha miope (mira que oponerse Rajoy alo matrimonio gay o a la despenalización del aborto, Zapatero no se lo creía que cayeran en su trampa), ha acabado por salirle cara a la izquierda, como un boomerang que tras darle a la derecha ha vuelto con más fuerza a darle a la izquierda, tras los casos de Errejón Abalos, Koldo, Santos Cerdán o Paco Salazar.

Todo ello ha sido el campo de cultivo que ha utilizado Santiago Abascal para subir en las encuestas y lograr que su partido sea votado por una gran parte del electorado que lo que quiere es castigar a los que han venido mandando hasta ahora. Es evidente que Vox no va a solucionar tampoco ninguno de los problemas, pero han sido los gobiernos del PP, del PSOE y sus aliados los que le han brindado la alternativa.


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