SOCIEDAD

Se despide Sabina y la memoria de Krahe resucita la “lengua de serpiente” contra González

Los cantautores Javier Krahe (1944-2015), Joaquín Carbonell (1947-2020) y Joaquín Sabina (1949), tras una actuación de Krahe y Sabina en el bar BV-80 de Zaragoza (calle Doctor Palomar 25, luego La Vía Láctea), en 1981. La instantánea se tomó después, en la Posada del Mastín (Vía de la Hispanidad 100, junto a Los Enlaces).
Raúl Heras | Jueves 08 de enero de 2026
Mentidos en recordatorios y efemérides, en el adiós de Joaquín Sabina mi memoria hace de vieja moviola y me lleva al sótano que había (y que aún existe bajo otro nombre) en el número 42 de la madrileña Cava Baja. Allí, en 1986, el cantautor nacido en Úbeda, junto a Javier Krahe y Alberto Pérez, querían emular a dos de sus ídolos, George Moustaki y George Brassens, abanderados de la “gauche divine” cuando aún no habían sucumbido a la aristocracia ácrata de la burguesía francesa. En “La Mandrágora”, planta mágica donde las haya, se bebían, se fumaba y se ataca con versos rotos y cargados de ironía al Gobierno del socialista Felipe González. Recuperar la letra de “Cuervo ingenuo” permite que la crónica política de estos días, con el ex presidente atacando un día sí y el otro también a su compañero de partido y presidente de ejercicio con cualquier excusa (que haberlas, las hay y son muchas) se escriba con las palabras de Krahe.

Sin poner, ni quitar una coma, la canción que escuchábamos en aquellas noches que plantaban cara a las mañanas secas del Madrid borbónico se puede aplicar a Pedro Sánchez, y en ambos casos con el Gobierno de Estados Unidos por medio; entonces con Ronald Reagan como inquilino de la Casa Blanca y hoy con Donald Trump. Actor e histrión como referentes del poder del Imperio. Si Rafael del León dejó escrita la verdad sobre las lenguas de doble filo, tan útiles en estos momentos en la convulsa España, la enloquecida España de la mitificada y destructiva década de los años ochenta del siglo XX tuvo que refugiarse en la música para enloquecer y protestar contra una izquierda que se alejaba de los sueños de papel de las octavillas impresas en las clandestinas “vietnamitas”.

Estas fueron las palabras que escribió Krahe y que cantaba con Sabina y Pérez: “Tu decir que si te votan/ Tu sacarnos de la OTAN/ Tu convencer mucha gente/ Tu ganar gran elección/ Ahora tu mandar nación/ Ahora tu ser presidente. Hoy decir que es alianza/ Ser de toda confianza/ Incluso muy conveniente/ Lo que antes era muy mal/ Permanecer todo igual/ Y hoy resulta excelente. Hombre blanco hablar con lengua de serpiente/ Hombre blanco hablar con lengua de serpiente/ Cuervo ingenuo no fumar/ La pipa de la paz con tu/ ¡¡ Por Manitú/ Por Manitú!!/ Tu no tener nada claro/ Como acabar con el paro/ Tu ser en eso paciente/ Pero hacer reconversión/ Y aunque haber grave tensión/ Tu actuar radicalmente/ Tuy detener por diez días/ En negras comisarias/ Donde mal trato es frecuente/ Ahí tu no ser radical/ No poner punto final/ Ahí tu tambien ser paciente/ Hombre blanco hablar con lengua de serpiente…/ Tu tirar muchos millones/ En comprar tantos aviones/ Al otro gran presidente/ En lugar de recortar/ Loco gasto militar/ Tu ser su mejor cliente…/ ¿Es socialista, es obrero? / ¿O es español solamente?/ Pues tampoco cien por cien/ Si americano también/ Gringo ser muy absorvente…Cuervo ingenuo no fumar/ La pipa de la paz con tu/ ¡¡Por Manitú/ Por Manitú!!”.

Los discos de Krahe resumen su vida y las de muchos, diría que la de todos, los que le quisieron y los que le dieron la espalda. Conviene recuperar la memoria para evitar los engaños repetidos y las imágenes tramposas: Felipe González sentado con Edmundo González para pedir el imposible de una inmediatas elecciones en Venezuela, mientras sus dos sucesores, José Luís Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez toman aire con Delcy Rodríguez, su hermano, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino. ¿Hasta cuándo?. Hasta que desde Washngtón digan lo contrario de lo que dicen para mantener la subida a los altares laicos del omnipresente Donald Trump. El socialismo liberal es tan poliédrico que puede ofrecer la cara más adecuada a cada circunstancia.

De cuervos y serpientes está llena la vida pública española. También de tejones y por supuesto de buitres. La fauna política de este país se parece tanto a la del resto de Europa que sería intercambiable con la que se reproduce en Francia, en Gran Bretaña, en Alemania o en Italia. Millones y aviones y armas y muertos que tapan los agujeros negros de la galopante burocracia que se ha creado desde Bruselas y que se extiende como una gigantesca mancha de aceite pesado desde Lisboa a Varsovia. Al otro lado de ese nuevo “telón de acero” que se ha creado sin decirlo ocurre lo mismo pero en peor. Los cuervos de Krahe y Sabina harían lo que hizo Marcel Proust, buscar los tiempos perdidos.


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