ECONOMIA

Explíqueselo a la viuda

José Manuel Pazos | Martes 10 de octubre de 2023

Según The Economist, los rendimientos de los bonos han aumentado tan rápido que muchos particpantes del mercado creen ahora que la era de los bajo puntos de interés ha terminado. Atención, porque estamos ante un nivel de estrés muy alto en los mercados. La política monetaria de “más alto por más tiempo”, que los bancos centrales de EE.UU. y Europa han acuñado, está saliendo muy cara. Ya se preveía difícil la salida de las políticas de QE (expndión cuantitativa) mantenidas durante largo tiempo, pero tan intensamente y a esta velocidad…



INVERSION TRANQUILA

La renta fija ha dejado de ser paraíso de huérfanos y viudas, y sus gestores, gente aburrida y tradicionalmente recostada en los respaldos de sus asientos mientras transaccionan con desgana las operaciones en búsqueda de unos pocos puntos básicos, viven tiempos de gran ansiedad.

Solo el anuncio de la creación de más de 300.000 nuevas nóminas en EE.UU. en septiembre, hizo subir la rentabilidad del bono a 10 años en casi 10 pb en apenas minutos, superando su nivel máximo de 16 años que ya se había alcanzado a principios de semana. Claro que los de corto plazo están en máximos de 22 años, consecuencia de la tardía reacción al alza de la inflación.

Para que se haga una idea, un ETF (Fondo cotizado) sobre el bono norteamericano a 10 años, pierde un 3% esta última semana, un 20% en los últimos seis meses y un 50% desde principios de 2020. Explíqueselo usted a la viuda a la que se lo vendió como una inversión tranquila. Las pérdidas superan incluso las de episodios de fuerte descenso de la renta variable como el estallido de las puntocom.

Todo se digeriría mejor si no viniésemos de la época del árbol del dinero, en la que los balances de muchos de los grandes actores, incluidos los bancos centrales, pero también los privados, aseguradoras, fondos de pensiones e inversión, no se hubiesen llenado durante años de papel colocado con extrema facilidad, y todo ello en medio de la alegría y despreocupación por parte de emisores de todo tipo, pero fundamentalmente públicos.

LABOR DE TITANES

La depreciación de esos “papeles” es ahora el motivo del estrés y la ansiedad, y las pérdidas se acumulan en los balances con cifras plagadas de ceros que va a costar mucho digerir. La esperanza de un rápido recorte de tipos oficiales “por las buenas” se evapora, y colocar más papel, por mucho que se pague, está siendo labor de titanes. La lista de oferentes es enorme, y la de demandantes decreciente.

Nadie sabe muy bien cuál puede ser el tamaño real de las pérdidas, pero en lo que parece haber cierto consenso es en que las de los balances norteamericanos pueden llegar a multiplicar por 10 la de los europeos. En lo que a esto respecta, agradezcámoslo a que la economía europea está mucho más bancarizada y es más amiga de los tipos variables. El problema pasa rápido de la banca a la economía y se reparte entre más. La crisis de primavera de los bancos medianos en EE.UU. lo ilustra bien. No han estado muy hábiles, pero a ellos no les resulta tan sencillo redistribuir.

Ocurre además que las políticas fiscales en EE.UU. han sido de fiesta mayor, -recuerde el envío de cheques por correo- y por lo que se ve en el Congreso, pocas trazas hay de llegar a acordar algo. Un cierre gubernamental sigue siendo lo más probable cuando venza la actual prórroga de 45 días.

Al menos en Europa, aunque sea a disgusto de populismos de todo tipo, las reglas fiscales, -laxas, pero reglas al fin-, han limitado el desatino fiscal de los norteamericanos. Por eso que no se sorprenda que, pese a los titulares de la enorme creación de empleo en EE.UU., el dólar no haya mejorado nada. Ahí está, en las dudas de a qué atenerse. Porque dudas, hay.