NACIONAL

Último debate: el dóberman es una mujer

Raúl Heras | Viernes 21 de julio de 2023
Acorralado electoralmente por los escándalos el gobierno de Felipe González se sentía perdedor de las elecciones de 1996, que terminó perdiendo. Los sondeos les daban una diferencia respecto al PP de José María Aznar muy abultada, muy parecida la de ahora, de diez a doce puntos en su contra. Necesitaban algo duro, tremendo y a los asesores de las campaña, con el entonces secretario de organización al frente, se les ocurrió sacar al dóberman a pasear.

Ayer, en el último debate antes de la cita con las urnas, y sintiéndose perdedor Pedro Sánchez “sacó a pasear” a su propìo dóberman, esta vez convertido en mujer, pero igualmente feroz. Sus ataques se dirigieron en dos direcciones, una, la importante, hacia el ausente Núñez Feijóo, quien de haber acudido habría recibido los ataques de los otros tres, de los dos de la izquierda y tamvién del que supuestamente, en caso de necesitarlo, se convertirá en su indispensables aliado.

No hubo vídeo en blanco y negro y en color, no hubo imágenes de Aznar y Alvarez Cascos mezcladas con la ferocidad del perro guardián, hábilmente mezcladas con la España en positivo colorista que acompañaba a Felipe González. Funcionó, de los diez o doce puntos se paso a apenas punto y medio y como dijo el propio líder socialista: si la campaña dura una semana más, ganamos. El miedo a la llegada de la derecha, tras catorces años en el poder del socialismo, funcionó para que muchos ciudadanos cambiaran el voto o lo decidieran y no se quedaran en sus casas.

Ayer, Yolanda Díaz, la vicepresidenta y candidata de ese partido inexistente pero real, como las meigas de su tierra natal, se convirtió en el dóberman ue utilizó Pedro Sánchez para atacar al PP y a Vox en la persona De Santiago Abascal. Más que un debate sobre propuestas para el futuro, partiendo del presente, el debate fue un espectáculo de circo romano, con un presidente refugiado en las cifras que leía sin parar y una candidata de la coalición llamada Sumar que no paraba de atacar desde todos loos ángulos y sobre todo con el feminismo como bandera. Yolanda y Pedro, Pedro y Yolanda interpretaron ante la audiencia a una pareja de amigos que, de improviso y sin avisar, no tienen más remedio que avisar a todos los que se encuentran por el camino que han visto cómo se acercaba un enorme dóberman para acabar con todos los derechos conseguidos.

Abascal, acorralado, estuvo mal. Se esperaba una lluvia de datos interpretados a gusto del que los diera, pero no que desde el minuto uno fuera su competidora por el tercer puesto es las urnas, no por ganar ( así lo dijo varias veces la propia líder de Sumar ) la que se lanzara como un auténtico dóberman a su garganta. Si esa actitud le da o quita muchos votos a la vicepresidenta en funciones lo veremos el domingo próximo; si sacar de la nevera de la historia de hace 27 años la fórmula del miedo en su máxima expresión le sirve a la izquierda para mantenerse en el poder, también lo veremos, pero si ese va a ser el estilo de la próxima Legislatura más nos conviene a todos estar preparados. Yolanda Díaz, con permiso de su auténtico jefe no quiere ganar las elecciones como si quería González en 1996, quiere mantenerse como vicepresidenta y no tener menos votos y escaños d ellos que consiguió Pablo Iglesias.

Las cifras, los datos, como siempre pasa en cualquier debate de televisión, sirvieron para poco. La forma, el tono, el gesto, la mirada, el dedo índice acusador lo fueron todo. Había una víctima propiciatoria que, curiosamente, era la que más fuerte parecía antes de comenzar, Santiago Abascal. Había una furia desatada, una walkiria que no se cansaba de asestar golpes al enemigo - que no al adversario político - en todos los terrenos pero sobre todo en el del nuevo feminismo. Y hablo un espectador tranquilo, sabiéndose a salvo y recitando los números que aparecían en sus “chuletas” del último examen.

El valenciano Císcar Casaban, que sucedió a Txiqui Benegas, que estuvo en el Congreso de los Diputados durante 26 años y de número tres del pSOE durante seis, tras iniciar su carrera política en el municipio o de Picañam a sus 76 años debe haberse quedado de piedra. El utilizó unos fotogramas en blanco y negro para transmitir el miedo que debía tener España a la llegada de la derecha. Ahora, ayer, desde la televisión pública, ha comprobado que la versión del dóberman que se inventaron es mucho mejor cuando aparece con la melena rubia.


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