NACIONAL

Feijóo ganó un debate inútil ante un Sánchez presa de los nervios

Raúl Heras | Martes 11 de julio de 2023
El presidente del Gobierno y el actual líder de la oposición quieren que este país sea bicolor y no lo es. Quisieron, sobre todo Núñez Feijóo, que acordasen ir contra la propia Constitución, contra la Ley Electoral y contra la existencia del Congreso y del Senado. Planteó un acuerdo a firmar por dos cuando en Las Cortes hay más de diez grupos políticos con representación otorgada por las urnas, desde el PSOE y el PP a Teruel existe, Coalición Canaria, BNG, la CUP, el PRC…sin contar con los dieciséis grupos que se engloban bajo la marca de Sumar. El candidato popular usó esa argucia para distanciarse de Vox y el candidato del PSOE sólo recurrió al ejemplo de Extremadura.

Pedro Sánchez llegó nervioso y no sabemos la razón, al igual que no sabemos la razón del cambio de posición de España en el tema de Sáhara Occidental a favor de Marruecos; de la misma forma que sí sabemos las razones por las que Aznar apoyó la invasión de Irak por Estados Unidos, estaban basadas en una gigantesca mentira pero Sánchez apenas supo aprovechar esa oportunidad. La mencionó pero no llegó al fondo, allí donde se encontraban las razones de los atentados de los trenes de Atocha en el no tan lejano 2004, sobre todo si es el propio presidente quien menciona varias veces la guerra de Ucrania.

Cifras que se amontonaban, mentiras clamorosas y medias verdades que utilizaron los dos contendientes en un intercambio de golpes que más parecía una pelea callejera que un debate para que los ciudadanos terminaran por decantar su voto. Sánchez tenía un único objetivo: ganar y que esa victoria le sirviera para terminar la solada remontada electoral ante las encuestas.

Feijóo debía conseguir lo opuesto: demostrar que es un hombre tranquilo, que no cambia y que es capaz xde dirigir un gobierno sin “elementos extraños” en su interior. Lo consiguió a medias, ya que siempre sobrevoló sobre el plató y la mesa alargada en la que se sentaron la presencia fantasmal de Santiago Abascal y los acuerdos firmados por los populares en Valencia, en La Rioja, en Baleares en Extremadura, en Castilla y León.

El presidente que desea mantenerse en la Moncloa con ayuda de los mismos - o casi los mismos - que le han ayudado en estos últimos cinco años pudo contesta al envite de Feijóo sobre la lista más votada con el gran argumento de la voluntad que expresan los ciudadanos en las urnas. Cada escaño representa lo mismo que el que tiene al lado, y es la suma de los mismos los que ponen y quitan presidentes. El ejemplo de Murcia está tan cercano que no necesitamos remontarnos a la primera Legislatura de José María Aznar y los pactos con Jordi Pujol, y mucho menos a las negociaciones siempre vivas y vigentes en los últimos cuarenta años con el PNV.

El presidente del Gobierno, que defiende el “título” ha tenido todo el tiempo del mundo para preparar el debate, con todos los medios a su alcance, con el mayor equipo que nunca ha tenido un candidato. El resultado final indica que lo hizo y lo hicieron mal. No se trataba de emplear decenas de datos y argumentos, con cinco a favor y cinco en contra del adversario, expuestos con tranquilidad hubieran sido suficientes. Se equivocaron y hay que pensar, por el aspecto y los gestos de Sánchez desde antes de sentarse Que el esquema previsto se rompió y tuvieron que esperara la segunda parte para arreglarlo. Y no del todo.

Por parte de los dos hubo demasiadas mentiras con un ´ñunico objetivo: poner en entredicho las medias verdades del oponente. Todos los argumentos, todas las frases ya estaban dichas y redichas desde hace semanas. habrá que esperar al día 23 para ver, de verdad, quien se sienta al frente del nuevo Gobierno. Sánchez perdió una oportunidad de orar y Feijóo la aprovechó haciendo gala de la sorna gallega que siempre le ha acompañado. Serán otros, los otros, los ignorados en el debate, los que terminen decidiendo quien gana y quién pierde.


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