INTERNACIONAL

Ron DeSantis

José María Peredo Pombo / Atalayar

Martes 21 de marzo de 2023
Que la campaña de las presidenciales de 2024 iba a adelantarse y que iba a hacerse utilizando a Ucrania como un argumento electoral, estaba claro. Y que Ron DeSantis iba a ser uno de los protagonistas también.

No se sabía, sin embargo, por dónde iba a meter la mano el gobernador de Florida en el pastel preelectoral. Si lo iba a hacer con suavidad, sumándose al espacio de cohesión exterior que la nueva competición entre potencias exige, o si iba a dar un zarpazo a la política criticando la ayuda norteamericana a Ucrania como primer argumento de combate. Pero al afirmar que la guerra entre Rusia y Ucrania no es un interés vital para Estados Unidos en un programa de la Fox, DeSantis ha decidido situarse lamentablemente en el frente aislacionista. Intentado fortalecer su argumento con la reivindicación de la política exterior de Ronald Reagan, dura en su esencia cuando concibió al comunismo soviético en los años 80 como el imperio del mal y multiplicó su gasto en defensa, pero al mismo tiempo conciliadora para entender la compleja realidad que el deterioro de la URSS podría ocasionar en Eurasia.

Si DeSantis no estuviera tan pendiente de convertirse en el heredero de los votos del trumpismo y apostara por fortalecer los valores del republicanismo que Reagan todavía hoy representa, sacaría la pata de donde la ha metido y entraría en un análisis más elaborado sobre el paralelismo que encierra ambas situaciones. Que no está en la personalidad y el prestigio histórico de Gorbachov frente al desprestigio de Putin, reclamado por el Tribunal Penal Internacional por crímenes contra la humanidad, sino en el cambio de orden internacional que se avecinaba en los años 80 y el que se avecina en este momento.

Entonces, se construyó un marco de relación con la URSS para reducir los riesgos que la transición del régimen soviético multiplicaba. Los acuerdos de limitación nuclear y posteriormente el apoyo a la desmembración ordenada del bloque comunista trazó un camino de confianza y estabilidad que solo en la antigua Yugoslavia se reprodujo en una terrible guerra, cuando podría haberse reproducido en todo el ámbito euroasiático. La continuidad del modelo del músculo fuerte y la mano blanda de Reagan en la política de Bush padre y en el primer gobierno de Clinton, fue la clave del éxito. No variar la política exterior bipartidista ante un acontecimiento de tal magnitud.

Pero en la situación actual, no está en juego ningún bloque territorial liderado por Rusia, tal y como señala DeSantis, “es un asunto territorial de Europa”. Sino que el juego está en la construcción de un orden competitivo entre las grandes potencias que mueve a los actores principales, las potencias y sus aliados, a posicionarse en un entorno abierto a la reconfiguración. La región del Donbass es un elemento de pugna entre quienes agreden un orden internacional que no quieren aceptar, algunos autoritarismos como el ruso o el chino, y quienes defienden la reforma de un orden a partir del respeto a un marco, regulado, de soberanías nacionales que no pueden alterarse por la fuerza de una potencia invasora. Estados Unidos y las democracias aliadas deben de estar preparadas para apoyar una negociación que termine con la guerra, cuando el contenido del acuerdo parta de la base de rechazar este tipo de agresiones.

Percibir a Europa como algo distinto de un conjunto de países aliados, hermanados por distintos intereses y valores comunes, es una consideración que empobrece no solo la relación aliada, sino la estabilidad global. Solo una visión política tan limitada como la de Donald Trump con respecto a sus aliados europeos, pudo servir para cocer la masa de la tarta geopolítica que Putin tenía preparada. Al intentar meter mano ahora al pastel electoral de 2024, DeSantis ha trasladado a su país y al mundo la duda sobre su capacidad como estadista. Y la certeza sobre su incapacidad como gran estadista, como fue Ronald Reagan.