INTERNACIONAL

La baronesa que huye de su pasado y apoya a Zelenski

Tur Torres | Jueves 01 de diciembre de 2022

La baronesa Von der Leyen tiene su hogar familiar en un castillo pero pasa la mayor parte del tiempo en un mini apartamento acosado a su despacho en Bruselas, la ciudad en la que nació. Hoy apoya sin reservas al presidente de Ucrania, Volodomir Zelensky, crítica con toda dureza a Vladimir Putin y ofrece y exige a la OTAN más armas para el gobierno de Kiev. Si se mira en su biografia se descubren sus contradicciones personales y políticas, su permanente huída de su pasado.



Ursula von der Leyen quiso ser aqueóloga, luego economista y terminó siendo doctora en ginecología. Siempre ha sido de derechas y muy de derechas, pero dispuesta a defender a las mujeres y a los matrimonios homosexuales. Angela Merkel, su gran protectora, le hizo tres veces ministra en sus gobiernos, para luego defender su nombramiento al frente de la Comisión Europea al no conseguir que se convirtiera en su sucesora al frente de la CDU y candidata a la Jefatura del Gobierno alemán.
Su familia la mandó a estudiar a Londres cuando el terrorismo alemán de la Bader-Meinhof comenzó a amenazar y matar a empresarios. Para ocultar su rastro en la capital británica le cambiaron el nombre y el apellido mientras Scotland Yard se encargaba de su protección. Ursula Albrecht pasó a llamarse Rose Ladson, que era el apellido de sus bisabuelos norteamericanos, antiguos propietarios de esclavos en Carolina del Sur, desde donde exportaban el algodón que consumían en Alemania los Knoop, los empresarios que se hicieron ricos con el algodón que fabricaban tras importarl las máquinas desde Gran Bretaña y montar las primeras industrias en la Rusia zarista de Alejandro II. La actual presidenta de la Comisión europea no lo sabía pero los antepasados de sus suegros y sus familiares de Estados Unidos se conocían cien años antes.
En el castillo de la Baja Sajonia que tenía la familia de su marido se alojó Napoleón, que fue el primero en darle el título nobiliario de Barón a los Von der Layen tras la gran acogida que tuvo por parte del astuto empresario, siempre dispuesto a nadar y muy bien entre dos aguas. El emperador francés terminó en la isla de Elba, derrotado entre otros por el Zar que no sólo no castigaría” a Ludwig Knoop, si no que le confirmaría en su entrada en la aristocracia. La otra familia de Ursula, a uno y otro lado del Atlántico, siempre tanta pasión por la política como por los negocios, menos Heiko, el hijo, tres años mayor que Ursula, que tras estudiar en Hannover y Stanford y labrarse todo un nombre en la investigación de las terapias génicas cardiovasculares fundó en julio de 2001 Artist GmbH, una empresa que desarrolla válvulas cardiacas basadas en células corporales, procedentes de la sangre o de la médula ósea.
Su aspecto dulce y sonriente llama a engaño. Cuando trabaja lo hace con tanta determinación que no deja lugar a dudas de su voluntad de mandar. Puede que Bruselas sea sólo una etapa de su vida política y que aún sueño con gobernar en Alemania si los socialdemócratas pierden el poder, y puede que lo pierden si el ex ministro de Finanzas, Oscar Lafontaine, acierta en su diagnóstico sobre el comportamiento de sus compañeros de partido, hoy en el poder: “ tenemos el gobierno más estúpido de Europa”, tras acusar directamente a Estados Unidos de haber destruído el gasoducto Nord Stream para así desplazar el gas ruso por el norteamericano procedente del cracking, de peor calidad y más costoso.
No parece que Ursula von der Leyen comparta el llamamiento del político socialdemócrata a librarse de la tutela de USA, más bien todo lo contrario. No hay día que no haga un llamamento a proporcionarle a Zelensky más armas y a pedir más sanciones de todo tipo, desde judiciales a financieras, contra Rusia. Se olvida - otra huída de su pasado - lo que defendía en 2014 tras la anexión por parte de Rusia de la península de Crimea, que darle armas a Ucrania era un error y que había que negociar con Vladimir Putin. En aquel año su jefa era Angela Merkel. Hoy el canciller se llama Olaf Schold, con quien coincide en aumentar los gastos en Defensa y en destinar más de cien mil millones de euros a modernizar a las Fuerzas Armadas de Alemania.

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