INTERNACIONAL

La paradoja de Putin: no puede perder y no puede ganar

Raúl Heras | Domingo 27 de febrero de 2022

Si se le puso el nombre de “Paradoja de Fermi” a la imposibilidad de saber si existen o no otras civilizaciones en un Universo que contiene dos billones de estrellas parecidas a nuestro Sol, podemos bautizar como “Paradoja de Putin” el resultado de la guerra en Ucrania. Tras cinco días de combates y bombardeos selectivos el hombre que se formó y creció en la antigua KGB ha actuado con “ observaciones defectuosas e incompletas”.



Si pensaba que el Gobierno de Kiev se iba a desmoronar en pocas horas y que los militares ucranianos se rebelarían contra el presidente Volodomir Zelenski, para dejar paso a un político impuesto desde Moscú, mientras la Unión Europea se dividía entre la defensa de la democracia y la defensa de los intereses de cada uno de los países miembros, la realidad ya le ha mostrado que la teoría política y las ecuaciones de la Física, como la que desarrolló diez años más tarde, Fran Drake, no coinciden. Una lleva desarrollándose y sirviendo de base para el desarrollo de las distintas fases de la civilización en la Tierra desde hace diez mil años; la otra puede que se resuelva en el futuro sin fecha que tiene la exploración del Universo.

El físico italiano, que desarrolló su teoría mientras trabajaba - otra paradoja de la Historia - en el proyecto Manhattan que daría lugar a la bomba atómica, era un pesimista. Recibió el Premio Nobel y a los tres años murió de un cáncer de estómago. Pensaba que cuanto mayor es el desarrollo de una civilización , mayor es el riesgo de que sea violenta e intente imponer su forma de ver la vida sobre el principio de la utilización de la fuerza, hasta concebir la destrucción del adversario o enemigo como una ecuación que no tenía solución. No la tenía a mediados del siglo pasado y no parece tenerla en el primer cuarto del siglo XXI.

El presidente ruso ya ha cambiado el futuro del mundo. Ese principio es innegable y demostrable, más aún con sus reiteradas amenazas de utilizar toda la fuerza de que dispone, incluidas las armas nucleares. Nada de combates estratégicos en la red, nada de realidad alternativa en el metaverso, tal y como lo vamos a ver esta semana en el Congreso de Barcelona. Soldados de carne y hueso, tanques y balas, misiles con alto poder destructivo y un país, Ucrania, que en el mejor de los casos terminará partido en dos.

Con la invasión y guerra en Ucrania, Vladimir Putin ha logrado que Europa vuelva a convertirse en víctima de la lucha por la supremacía mundial. El 24 de febrero de 2022 será recordado por ser el inicio de un cambio profundo en las relaciones internacionales, con el abandono del espacio que tenía el diálogo y el acuerdo entre países desarrollados para dar paso a la violencia física y el uso de las armas.

Putin, por formación y origen familiar y político, no cree en la Democracia tal y como se entiende y se practica en Occidente. A su modo es un nacionalista ruso que padece de todos los síndromes acumulados desde que, primero Gorbachev y luego Yeltsin, desapareció la URSS y el Segundo Imperio que había nacido tras la II Guerra Mundial de la mano de Lenin, Stalin, Kruschev y Breznev. Los soviets derrocaron al Zar pero quisieron mantener los dominios que había conseguido Catalina la Grande. Desde Siberia al Mar Negro, desde las hoy Repúblicas bálticas a las fronteras asiáticas de China.

Ya ha comprobado que sus análisis eran “defectuosos e incompletos”. La ex ministra de Exteriores, Ana Palacio, le ha definido con exactitud: “ Putin no está loco, es un buen estratega y un magnífico táctico”. Lo que ocurre es que para un uso correcto de ambas ecuaciones se debe partir de buenos datos. El presidente ruso no tenía todos.

Tampoco la Europa de los 27 Estados, ni Estados Unidos. Está por ver si, finalmente, quién si los tiene es las China de Xi Jinping. El anuncio de maniobras navales cerca de Taiwán, por parte de su ministro de Defensa, apenas unos días más tarde de la invasión de Ucrania y su anterior entrevista con su homólogo ruso, llevan a pensar que el gigante asiático, el tercer actor en esta tragedia, que no ha salido a escena y permanece entre bastidores puede aprovechar la oportunidad que esperaba e intentar incorporar a la isla al país de la que la desgajó hace 23 años Chiang Kai-shek tras perder su batalla personal con Mao Tse Tung y el Partido Comunista.

Sumemos a su “interés patriótico” su interés económico y político y tendremos el retrato perfecto de Vladimir Putin. También descubriremos las razones que le llevan a emplear todos los medios a su alcance para no perder en su decisión sobre Ucrania, sabiendo ya que tampoco puede ganar. Ha roto de nuevo la Europa que heredó de Boris Yeltsin. Rehacer el sueño imperial de la Zarina trescientos años después es imposible. Ella tuvo a Gregory Potemkin a su servicio y venció a todos sus adversarios de dentro y fuera de la Gran Rusia.

Dentro de tres años se cumplirán cien de uno de los grandes documentales de propaganda a través del cine como fue “El acorazado Potemkin” de Serguei Eisenstein. Sirvió para que el Partido Comunista de Rusia defendiera la actuación de los Soviets contra los Romanov. Puede que a Vladimir Putin le convenga recordar otro título del gran cineasta: “ La conjura de los boyardos”.


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