SOCIEDAD

El regreso del Rey (2) La tentación de los espadones para gobernar en la sombra

Primo de Rivera y Alfonso XIII.
Raúl Heras | Sábado 27 de febrero de 2021
No es nueva en nuestra historia la presencia militar en todos los grandes cambios que ha sufrido España. La tentación de dirigir a los gobiernos, ya fueran monárquicos o republicanos, desde la sombra ha sido muy fuerte. Dos siglos de presencia directa ante los ciudadanos así lo demuestran. Serrano, Primo de Rivera, Armada, Milans, el apellido es lo de menos.

Han pasado poco más de 140 años desde que la " huida del rey prestado" Amadeo de Saboya propiciara nuestra Primera República, y 84 años desde aquel 14 de abril de 1931 en el que unas elecciones municipales celebradas dos días antes llevaron al entonces rey Alfonso XIII a pensar que debía marcharse al exilio junto con el resto de su familia.

Y lo hizo embarcando en el puerto de Cartagena con rumbo a Marsella en el crucero Principe Alfonso mientras el resto de la familia viajaba por tren a París donde terminarían reuniéndose antes de viajar a Roma donde permanecería hasta su muerte. Era la segunda vez que España cambiaba la Monarquía por la República e iba a ser la segunda vez que un general acabara con ella, si bien esta vez el intento democrático duró bastante más y terminó mucho peor.

Formalmente la II República duró ocho años, hasta el fin de la Guerra Civil con la rendición de Madrid por el coronel Casado, mientras que la Primera, a finales del siglo XIX tras el abandono de Amadeo de Saboya y sobre todo con el asesinato del general Prim, que había sido su valedor, apenas tuvo año y medio de vida, meses cargados de luchas políticas, reivindicaciones nacionalistas, caciquismo rural, raquitismo industrial, desastres coloniales, malestar social y generales en armas.

En uno y otro momento de nuestra historia las Fuerzas Armadas y sus mandos tuvieron un papel esencial en los cambios que se produjeron, tanto para la salida de los reyes como para el regreso de los mismos: en 1868 obligaron a la reina Isabel a marcharse al exilio bajo la dirección del general Serrano, dos años más tarde y con la influencia del general Prim lograron que las Cortés " eligieran" a Amadeo de Saboya como rey por 191 votos frente a los 60 que lograron los republicanos y los 27 del duque de Montpensier. Nuestro primer rey elegido por los " representantes" del pueblo viviría en continúa zozobra hasta febrero de 1873, fecha en la que decide volver a Italia antes de que se cumpliera la amenaza de Castelar de " terminar como su primo Maximiliano en Méjico".

De la I República que vino a continuación casi mejor no acordarse, salvo por algunas similitudes con el momento actual cuando se mira los sentimientos nacionalistas y federalistas que parece animar a más de uno.

Cuatro presidentes y tres pronunciamientos militares en apenas veinte meses. Ciudades, pueblos y hasta villas que se declaraban independientes, con el Cantón de Cartagena a la cabeza y sus incursiones piratas por la costa del Mediterráneo, que incluyeron bombardeos y saqueos por parte de dos buques de la armada en Alicante y Almería, y que terminaron con los dos navíos apresados por dos fragatas, una inglesa y otra alemana que vinieron a " poner orden" en la convulsa España de esos años y a la que desde Europa veían como a una menor de edad que había que " llevarla de la mano" para que no cayera en el abismo.

Como se ve nada hay nuevo en nuestra reciente y maltratada historia desde los lejanos tiempos del Imperio en el que no se ponía el sol. Llevamos doscientos años como el péndulo que se mueve de Oriente a Occidente a capricho de las grandes potencias, y con nuestra clase política oscilando entre los odios y amores hacia esos dos polos.


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