SOCIEDAD

La tragedia de tener mas de 50 años y estar en el paro

Raúl Heras | Miércoles 18 de noviembre de 2020
Nos acercamos a los cuatro millones de parados de los que 700.000 son jóvenes menores de 25 años. La sombra del 20 % de la población sin trabajo es la bomba preparada para explosionar en cualquier momento, sin que ni ERTES ni ERES aparezcan como soluciones. 18 millones tienen más de 50 años y el El 70% de ellos son parados de larga duración.

Están atrapados entre el desempleo y la jubilación, y cada día que pasa su situación se hace más dura y más insostenible. Es muy difícil que encuentren trabajo en competencia con esos otros casi cuatro millones oficiales que están en su misma situación; las reformas que se están haciendo en todo el ámbito social les perjudican más que a los demás pues su renta personal y familiar disminuye y las ayudas y subvenciones se reducen.

Su futura pensión depende de lo que hayan estado cotizando en los últimos quince años y nada o casi nada tiene que ver con lo que fue su vida laboral en activo. Además, la propia edad para jubilarse crece y crece tal y como lo demandan y lo consiguen las mismas instituciones financieras y económicas que han impuesto los recortes.

Su situación y la de sus familias es trágica. Su reciclaje en otros oficios o trabajos es más difícil, igual que les es más difícil recurrir a la emigración. Tienen más obligaciones que los jóvenes y en la mayor parte de los casos son el soporte de la familia que han construido a lo largo de los años. Tienen experiencia, conocen bien o muy bien el sector en el que han trabajado pero a la hora de ofrecer sus currículos ven como se rechazan o acaban en la papelera más próxima.

Se desesperan en las colas del paro, se desesperan ante la llegada de los pagos mensuales, de las hipotecas, de la luz, el teléfono, el agua, el IBI, la basura, los seguros, la gasolina...Así hasta ese 65% de imposición real que sufrimos los españoles respecto al total de nuestros ingresos anuales.

La tela de araña en la que están tan atrapados como las moscas les impide hasta razonar con claridad, les lleva a pensar que su propia vida es un fracaso, que son simples números que se han borrado de la ecuación social y que, como pasó en Japón puede que a algún responsable público como al que fuera titular de Finanzas de ese país, Taro Aso, se le ocurra aconsejarles que desaparezcan para que así el estado se ahorre su limitado mantenimiento. Como si ellos fueran responsables de vivir más y ocasionar más gastos a la comunidad en la que viven y a la que han entregado 40 o más años de trabajo.

Tener más de 50 años se ha convertido en sí mismo en un problema, salvo que decida el que los tiene en intentar la solución autónoma, lejos de las nóminas y los trabajos por cuenta ajena. Claro que, en este territorio, también luchan en condiciones desiguales frente a los jóvenes. Estos pueden ser " emprendedores" y beneficiarse de los programas y ayudas que ofrecen las distintas administraciones del estado. Ellos no, para ellos todo son problemas, incomprensiones, puertas que se cierran, ojos que no les ven. Han desaparecido ante la sociedad, se han vuelto invisibles, son los números ciegos de las estadísticas.

Si pudieran mirar su propia tragedia desde fuera incluso podrían reírse de la contradicción que encierra alargar y postergar la edad de jubilación, por un lado, y hacer casi imposible la consecución de un empleo a partir de esa " edad maldita" en la que han entrado.

Y podrían sonreír al escuchar al economista y gurú de la derecha menos liberal y más conservadora, desde sus tiempos de vicepresidente de la CEOE y presidente del Instituto de Estudios Económicos, José Luis Feito, pedir que la edad de jubilación se lleve a los 70 años de forma inmediata, se bajen las percepciones por desempleo y se alarguen en el tiempo, como si fuera más sencillo vivir con menos de 500 euros al mes durante más años en los que la edad nos llevará a necesitar más la " protección" y ayuda de la sociedad.

Desde que se inició la última de las crisis, de la pandemia sanitaria, el número de desempleados mayores de 50 años se ha multiplicado por cuatro y la cifra de los que cobran apenas el subsidio de 430 euros al mes ya supera los 400.000 españoles. Son cifras que aconsejan un cambio social profundo. España es un país envejecido en el que los gastos sociales de todo tipo van a aumentar hasta hacerlos insostenibles para el actual sistema.

No se trata de mantener la llamada sociedad del bienestar en un contexto mundial en el que las diferencias entre países " maduros" y emergentes se quieren equilibrar por abajo y no por las exigencias de mayores y más justos repartos en aquellos en los que la mano de obra tiende más a la esclavitud que a los mínimos de justicia social.

Si los más jóvenes y preparados han encontrado en la emigración una salida a sus problemas personales y laborales, despojando al país en el que se han educado y que ha invertido en su formación ingentes cantidades de dinero, los mayores de 50 años tienen ese camino casi cerrado por completo. Y con su mantenimiento a un lado del camino estamos perdiendo su experiencia, sus conocimientos, su capacidad de reconocer y abordar problemas que se repiten a lo largo y ancho de la historia.

Sólo con política o con mejoras financieras no se va a resolver ese problema que aumentará sin parar en los próximos años. Requiere de cambios sociales profundos. Es necesario devolver a esos " mayores" la dignidad moral que sienten que han perdido. Todos más pronto o más tarde llegaremos y pasaremos de los cincuenta años. Y la alternativa a no hacerlo es peor.


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