Raúl Heras

Mucho ruido para repartir las mismas nueces

Raúl Heras | Martes 16 de abril de 2019
Parece que en un mes la España que conocemos va a cambiar, pero no es cierto. Tenemos mucho ruido ambiental pero las nueces a repartir son las mismas y de forma muy parecida

En un mes la España que conocemos va a cambiar y mucho. Eso parece. Hay cinco partidos que tendrán gran presencia nacional. En el Congreso y en el Senado se sentarán muchas caras nuevas. Trece Comunidades autónomas estrenarán gobiernos. Y en 8.093 Ayuntamientos se afrontará un cambio de alcaldes.

Parece que va a cambiar, pero no es cierto. Tenemos mucho ruido ambiental pero las nueces a repartir son las mismas y de forma muy parecida. La media de todos los sondeos que se han efectuado hasta ahora, incluyendo los del CIS insisten en que el PSOE puede ganar 40 escaños para el Congreso el día 28, exactamente los mismos que puede perder Podemos. El Partido Popular, con esos mismos datos, puede perder 50, que son los mismos que pueden ganar Ciudadanos y Vox.

Ciento sesenta para cada uno de los dos grandes grupos de la izquierda y la derecha. Y 30 escaños para el resto, que se mantiene de forma parecida a la que ya tiene, con el cambio de siglas en Cataluña, territorio en el que la subida de Esquerra conlleva una disminución del PDeCat o la antigua CiU, que viene a ser lo mismo. Los 20 asientos serán más de izquierdas que de derechas pero representarán a los mismos deseos independentistas. Añadimos los 5 o 6 del PNV, los dos de Bildu y el uno de Coalición Canaria. Y la conclusión final: todo es apariencia, poco o nada va a cambiar. El árbol de las nueces se mecerá bajo los mismos impulsos.

Con los mensajes, la dureza, las descalificaciones, las mentiras y los ofrecimientos que se hacen a los ciudadanos ocurre lo mismo. Pueden cambiar las palabras, los adjetivos, las meteduras de pata de algunos de los candidatos más inexpertos que se dejan arrastrar por lo que ven y oyen a los jefes y no quieren quedarse atrás en las batallas. Las exageraciones puntuales crecerán en la última semana - al igual que los datos de las encuestas - pero al final, todo se reduce a la misma crítica de unos hacia otros, al no escuchar al adversario, a ofrecer mucho más de lo que se sabe que no se podrá hacer.

En esa búsqueda de una canción o sintonía que les acompañe en los mítines y spots de televisión, hay un grupo vasco de mediados de los años ochenta cuyo nombre encaja a la perfección en el clima de estas elecciones: “Dinamita pa los pollos”. El explosivo lo ponen unos partidos y unos dirigentes cada vez más nerviosos; los pollos somos los ciudadanos, de eso no cabe la menor de las dudas.

Desde su pueblo natal de Ortuella tuvieron un razonable éxito durante cinco años. Y me quedo con su primer disco, que se edita en 1987 y que es toda una profecía de este 2019: “ Bienvenidos al gallinero”. Con las botas de montar, el Cadillac y unas rimas de Rockabilli, la voz de Javier Zaitegui y los coros de las “Bloody Marys”, las hermanas Torio, pueden encajar a la perfección en este sprint final de la primera de las campañas, que tras el 28 y sus 350 congresistas y 208 senadores entraremos en la de los 394 diputados autonómicos y 68.230 concejales de finales de mayo.

Conectados por esa corriente inalámbrica que une las dos elecciones, lo que ocurra en la primera afectará de forma muy importante a la segunda, tanto que cualquier cálculo que hagan las organizaciones tendrá un tanto por ciento de incertidumbre muy elevado. Es difícil que quien haya votado en los comicios generales vaya a cambiar su papeleta a la hora de elegir a sus diputados autonómicos y a sus alcaldes.

La gran incógnita está en el futuro de Vox, en sus resultados y en el poder que pueda conseguir y utilizar, bien para gobernar de forma directa o para “ayudar” a sus compañeros de viaje por más que a éstos les resulte incómodo.


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