Raúl Heras

Así va el partido: Albert Rivera 3 Mariano Rajoy 0

Raúl Heras | Miércoles 05 de abril de 2017

Arrinconado por un PSOE que quiere recuperar la parte de la izquierda del centro político; y ninguneádopor un PP que buscaba expulsarle de la otra mitad de ese centro, Ciudadanos ha conseguido escaparse de la tenaza de los dos grandes, contraatacar y "meterle" tres goles por la escuadra al actual gobierno de la nación.



No lo tiene fácil Albert Rivera para moverse entre Mariano Rajoy y el futuro de los socialistas, salvo que éstos elijan a Pedro Sánchez, algo que le permitiría jugar sus opciones en esa parte central del tablero en la que se ganan o pierden las elecciones.

Con habilidad, paciencia y sentido de la oportunidad no sólo ha adquirido un perfil de "partido útil", también ha conseguido defender su territorio. Veremos si lo ganado en este último mes le sirve a la hora de las urnas. Por ahora ha demostrado que junto a su discurso y a sus promesas existe una estrategia y se ponen en práctica unas tácticas que valen para defender su postura ante posibles corrupciones, para conseguir multimillonarias partidas sociales en los Presupuestos, y para cobrarse su primera gran víctima política en una autonomía como la murciana.

Puede presumir y presume junto a su número dos, José Manuel Villegas, de ganar por tres a cero Mariano Rajoy y a parte de sus equipos en el Ejecutivo y en el PP; en el Gobierno en la persona de Cristobal Montoro, responsable de los Presupuestos, y en el partido en su coordinador general y negociador con Villegas, el zamorano Fernando Martínez Maillo, el sacrificado número tres al que le toca bailar con las más feas.

Rafael González Tovar, el candidato del PSOE para ocupar la presidencia en Murcia si salía adelante la moción de censura que se iba a debatir este jueves, y que ya ha sido retirada, se queda con la miel en los labios. Ciudadanos apoyará la investidura de Fernando López Miras, el sucesor de Pedro Antonio Sánchez. Sigue el pacto y socialistas y podemitas tendrán que esperar a mejor ocasión.

Alberto Rivera mantuvo la presión de sus hombres en la autonomía mientras Villegas le repetía una y otra vez a Maillo que el mantenimiento de los pactos firmados pasaba sí o sí por la renuncia de Sánchez. Y por si había dudas dejó que se supiera su reunión con el presidente de la gestora del PSOE, Javier Fernández, para terminar de utilizar al socialismo como aguijón contra Rajoy, al que no le quedó más remedio que reconocer que, aún creyendo en la inocencia de Pedro Antonio no tenía más remedio que pedirle su dimisión. El auto del juez Velasco terminó de cerrar el círculo.

Al presidente del Gobierno y del PP no le gusta que le presionen, que le amenacen y menos que le derroten delante de todos. Suele esperar para devolver los golpes y cuando lo hace procura que su rival no se levante de la lona. No le importa ceder y retirarse en las batallas pequeñas, pero ataca con todo lo que está así alcance para ganar la guerra. Puede que ese último combate que espera es el que se dirime en las urnas y es en esas cajas de cristal en las que votamos en la que espera encontrar una nueva mayoría absoluta "cuando toque".

Si el representante de Nueva Canarias, Pedro Quevedo, se mantiene dentro de la "disciplina" de voto del PSOE en el Congreso y se empata a 175 escaños en el debate de los Presupuestos, habrá convocatoria electoral anticipada y comprobaremos si Albert Rivera ha conseguido desprenderse de la alargada sombra del PP y tiene futuro en la escena política. Por el contrario, si la gran propuesta de Cristobal Montoro sale adelante y con los datos económicos que se están conociendo la situación global de España cambia, tendremos por delante uno o dos años para comprobar si el deseado abrazo del oso de Rajoy aplasta a su molesto compañero de viaje.


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