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El futuro de la izquierda

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Por Inés Sabanés

Martes 21 de octubre de 2014

La realidad nos ha ido demostrando que estamos viviendo algo más que el terrible impacto de la crisis económica. Nos encontramos –ya casi nadie lo duda -ante un cambio de época que va a requerir nuevos conceptos, nuevas estrategias. Con toda seguridad producirá cambios en la manera de hacer política, en los mecanismos de representación, en las relaciones entre lo social y lo político y dotará de un nuevo papel a una ciudadanía activa, con capacidad de compartir conocimientos e informaciones y que ya no tolera ser excluida en la toma de decisiones que afectan a su vida cotidiana.

Con todo, en Europa, en nuestro país y en concreto en la Comunidad de Madrid, ante esta situación sorprende y alarma que pese a la ofensiva de recortes y ajustes que se ha planteado, se puedan consolidar las posiciones más conservadoras y las políticas económicas más neoliberales, que han estado –precisamente- en el origen de la crisis económica y en los abusos especulativos del sistema financiero. La izquierda socialdemócrata y recientemente el giro del gobierno PSOE han sido determinantes en esta situación.

No sólo no ha ofrecido resistencias a las ofensivas de las políticas económicas neoliberales, sino que ha contribuido a su consolidación con una clara permeabilidad respecto a los planteamientos conservadores que han acabado por asentarse de forma hegemónica. En nuestro país y en el resto de Europa, con mayor o menor intensidad, se han producido movilizaciones y se está trabajando por aglutinar desde una perspectiva –también – cívica las fuerzas necesarias que permitan resistir a la ofensiva al tiempo que se construyen alternativas amplias.

En alternar ambas tareas está en estos momentos el futuro de la izquierda. Resistiendo la brutal embestida, la izquierda venidera capaz de retomar la iniciativa será la que aliente un proceso constituyente, sumando y aspirando a ser algo más que un contrapeso de las cesiones de la socialdemocracia. Una izquierda heredera de los valores que la hicieron nacer y escarmentada de dogmas y credos. ¿Y cómo lo hará?. Ocupando un amplio espacio social con mucha gente, con los colectivos, los sindicatos y también con organizaciones y personas que expresen sin complejos -pero también sin exclusiones- un modelo alternativo de sociedad. Merece la pena detenerse un momento para articular todo esto.

Asistiremos a corto plazo a movimientos y llamamientos varios en la izquierda. Las diversas iniciativas de convergencia en la izquierda demuestran la necesidad de actuar y de confluir. La urgencia de esta necesidad gana cada día más adeptos en la izquierda organizada o que aspira a hacerlo. Al mismo tiempo, nos guste o no, la supervivencia de una izquierda con capacidad real de influencia en la sociedad requerirá también revisar viejos métodos. No estaremos en condiciones de liderar la sociedad de nuestros días si no introducimos con lealtad y sin ambages los compromisos de cambio que requieren claridad,  firmeza y contundencia en las ideas pero renovación en los métodos.

No se ganará la izquierda la confianza de los ciudadanos, de los trabajadores, de los colectivos más críticos ignorando su activismo y su participación. A la izquierda, el poder se lo da la gente. Y hoy en día, ya nadie se resigna a desempeñar un mero papel de espectadores frente a decisiones o debates en los que se sienten concernidos. ¿Cómo se hace?. Amigos y amigas, acertar es parte del proceso y de la búsqueda necesaria junto a otros. Intuyo que en plena sociedad  digital no tiene ningún sentido mantener blindadas estructuras burocratizadas y jerarquizadas. En la izquierda los cambios serán de abajo a arriba, en estructuras más horizontales o no servirán, y -estoy convencida - se convulsionaran los métodos convencionales organizativos que hemos conocido.

En un mundo gobernado por poderes opacos los ciudadanos de izquierda –al menos estos- van a cuestionar las mediaciones prevalentes atribuidas a partidos, sindicatos u estructuras similares. La clave será compartir, construir en común. Si algo están demostrando las revueltas por la democracia en los países árabes es que los paradigmas están cambiando. Aunque sabemos que la explotación, la corrupción, el abuso y la injusticia son las causas, la reacción la hace visible la gente más joven, las mujeres y otros luchadores, tejiendo por abajo y con métodos radicalmente distintos.

Es algo que en los partidos deberíamos saber y ser capaces de contemplar para compartir con el activismo social y -sin tanta tutela-  espacio para la transformación. Es tan fuerte y oscuro el poder de quienes se van apoderando poco a poco de nuestras sociedades que las rígidas y frágiles estructuras de la izquierda actual apenas pueden plantarle cara. Necesitamos ser más. Muchos y dispuestos. Diversos, confiados unos en otros, con objetivos comunes y formas distintas. Como siempre ha sido desde que la izquierda tiene conciencia. No es nada nuevo. Solo que - quizás- lo hemos olvidado un poco..

 

 

 

Ex portavoz de IU en la Asamblea de Madrid


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