José Manuel Pazos

El 'flash crash' de la libra

José Manuel Pazos | Lunes 10 de octubre de 2016

En un año que está siendo sorprendentemente tranquilo para el euro/dólar, -par que más volumen concentra en la negociación del mercado de divisas-, los avatares de la libra esterlina, tras el triunfo del Brexit en el mes de junio, están captando la atención de medios y analistas porque es, hasta ahora, el único lugar donde los augurios más negativos sobre las consecuencias del abandono británico de la UE se han hecho visibles a través de su depreciación. El llamado flash crash del viernes pasado, donde en apenas los dos minutos transcurridos entre las 7:07 y las 7:09 (hora local de Hong Kong) la libra perdió más de un 6%, han ocupado espacio en apartados de información general, seguramente por ser el único estadístico significativo del Brexit que llevar a un titular y por coincidir con un claro desplazamiento del tono de la primer ministro británica hacia un “Brexit duro” en un discurso en la convención de los conservadores en Birmingham, en el que sitúa en marzo de 2017 la activación del artículo 50 que regula la salida de la UE y que, con la inmigración como primera referencia, ha recibido acusaciones de xenófobo.

"Las transacciones en libra esterlina mantienen similares proporciones respecto al volumen total en las dos últimas décadas registradas por el BIS"

Curioso deslizamiento de quién defendió el mantenimiento de Reino Unido en el seno de la UE, y que ahora no solo se apropia del discurso del UKIP -en plena crisis-, sino que ha sido capaz de generar fuertes reacciones en contra de los líderes europeos al tiempo que ha llevado a la muy influyente patronal británica CBI a dirigirle una carta para reclamarle una “genuina comprensión de las implicaciones económicas”. Esto obligó a que el canciller del Tesoro tratase de restaurar la calma diciendo que el gobierno no se ha decidido por seguir una línea dura y que lo ocurrido con la libra el viernes es de ese tipo de turbulencias que él espera para los próximos cinco años. El gobernador del Banco de Inglaterra despachó el incidente de la libra, que tardaba media hora en recuperar casi todo lo perdido, calificándolo como una “cuestión técnica”. El vínculo que se está estableciendo en estos primeros pasos entre el acceso al mercado único de los británicos y la aceptación por estos del libre movimiento de personas que está en la base de la UE, augura un duro inicio de negociaciones.

Desaparecen de un plumazo las teorías de una negociación dulce que retrasase las consecuencias durante años sin que apenas se llegase a materializar un Brexit real. Abonadas por la revisión de pronósticos de los bancos de inversión para reconocer su excesivo pesimismo ante la evidencia que dejan los primeros datos tras el Brexit, han hecho pensar en que las cosas no son para tanto y que al fin y al cabo el Brexit no se producirá efectivamente nunca. No piensa lo mismo el que fue ministro de exteriores y vicecanciller alemán desde 1998 a 2005 que en un artículo titulado “Grandes riesgos para Europa” dice que el Brexit “supone un rechazo de facto de un orden europeo de paz” y refiere el desplazamiento del “placas tectónicas” del mundo occidental del que a muchos cuesta darse cuenta.

Es posible que el flash crash de la libra del viernes fuese provocado por robots, pero ha perdido cerca de un 15% frente al dólar y euro desde el referendo y las apuestas por su depreciación en los próximos tres meses que se deducen de los mercados de futuros son las más acusadas desde julio. Y esto ha ocurrido con la convicción de que todo sería suave. Ahora que hay clara constancia de que no, habrá que ver si lo que señalaba estos días WSJ: “vender la libra al primer síntoma de recuperación es la mejor estrategia” no se convierte en norma, o al menos mientras se mantiene la duda entre hard y soft Brexit, la libra aprovecha el hueco y recupera lo que el análisis técnico apunta: 0,80/0,82. Entonces, si, dígalo WSJ o el porquero de Agamenón, la libra será vendida.