Blas López Angulo

Cierre y vuelta

Blas López Angulo | Lunes 18 de julio de 2016

El 30 de junio terminó de forma oficial la temporada. Más o menos como en los colegios, pero con más diferencias. Desde el 1 de julio estamos pues en otra. Aunque los jugadores que quedaron libres el 30 de junio andan algunos en tierra de nadie en medio de sus prolongadas vacaciones. Tampoco es lo más saludable mientras desde luego sus representantes no descansan. Llevan meses con varias barajas abanicando ofertas y oliendo demandas.



Cuando un portero hace alguna parada extraordinaria, cuando un jugón o aún promesa mete un gol, ingenuos lo celebramos, banderas al viento de nuestros colores. Pero ellos están amasando un contrato más suculento, a veces muy lejos de esa yerba que les ve crecer. Podemos pensar, ay el fútbol profesional, cómo es. Pero es señal más de la liquidez de la nueva era. Liquidez, liquidar en todo momento lo que sea.

Claro, antes existía la esclavitud que no permitía apenas cambios, o una sociedad feudad que tampoco. Trasladado al fútbol, en los años del NODO los clubes españoles ejercían el derecho de retención sobre unos profesionales que no tenían la condición de trabajadores: si la competencia pretendía a ese chaval pagado con 4 duros que despuntaba, bastaba subirle la ficha un 10%, ni medio duro, y a repetir el mismo once para los más duros de mollera, que siempre han sido legión.

No deja de ser doloroso ver tanto cambio, lo mismo en el fútbol cuproniquelado que en el que se mueve por la afición. A entrenadores que ascienden no se les renueva, que parece derecho ganado, de conquista, sean del Boiro o del Alavés. Los jugadores, sean de arriba o abajo, no pueden contar a ciegas con parte del botín. Te puedes estar dejando la pierna y luego tú vas a seguir a verlas venir. El tren que era el tuyo pasa, aligera la carga y no te lleva. Tampoco está mal que en un mundo tan inhumano, a veces quien a hierro mata, a hierro muera. Ese mismo entrenador planeaba dejarte afuera, pese a lo que (no) te dijera. Desde luego al nuevo le va a ser más fácil.

¡Y qué difícil acertar con el curso actual! Jugadores que regresan a los entrenamientos mientras una escogida élite por fin descansa. El circo nunca cierra. La Copa de América que me pilló en Nueva York, tan cerca, acabó a su debido tiempo. ¡La de Europa esta vez acaba de acabar! Me llegaban noticias de que España volvía a su pasado reciente, cuando en su lugar lo hacía al más pretérito, aquella que vencía en amistosos o goleaba a naciones de pacotilla, para luego besar la lona frente al primer rival de fuste. Así sucedió con los siempre peligrosos jugadores de la Ex Yugolavia por mucho que se hayan balcanizado.

Y no digamos frente a la bella Italia, a la que fue un piacere reencontrar, diez años después de su última generación victoriosa, aun a costa de esa España, ya de vacaciones. La que muchos de sus áureas estrellas se habían tomado. No tenían ni hambre, ni sed de champán glorioso, sino de playas y de selfies con su parejas. No de playas cualquiera sino paraísos comprados en exclusividad.

A veces no se sabe a ciencia cierta si seguir en esos playoffs de ascenso tan caros te acercan al cielo o te privan del descanso. Como la Eurocopa. Como la clase política que se irá de vacaciones, ay, sin los deberes hechos. Dejarán un gobierno que lleva todo un año en funciones, al que por eso mismo se echará aún menos de menos, y no es redundancia, en agosto. Veremos si el nuevo curso político en septiembre no produce más regüeldos y vuelta a empezar.


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