Los líderes de la UE: Christine Lagarde (BCE), Ursula von der Leyen (Comisión Europea), Charles Michel (Consejo Europeo) y David Sassoli (Parlamento)
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Los líderes de la UE: Christine Lagarde (BCE), Ursula von der Leyen (Comisión Europea), Charles Michel (Consejo Europeo) y David Sassoli (Parlamento)

El desinterés y sus consecuencias

Por José Manuel Pazos
lunes 08 de febrero de 2021, 22:03h

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En el tiempo de la información y los datos, otra forma de referirse a la cuarta revolución industrial en la que converge lo digital, lo físico y lo biológico, ocurren cosas a diario que con un poco de atención nos permiten vislumbrar la dimensión de los cambios que arrastra. Pero exige tomar cierta distancia. Dicen los geoestrategas que, si quieres descubrir la naturaleza de un conflicto, mires a su alrededor y se te revelarán muchas de sus claves. Sin embargo, es tanto el ruido en proximidad que no es tan fácil tomar distancia. Y por lo que parece, se toma cada vez menos.

DESINTERÉS POR LO INTERNACIONAL

Alguno de los grandes medios de comunicación, y pronto lo harán la mayoría, remite al suscriptor digital al final de cada año un resumen del tiempo que ha dedicado al medio, lo que ha visto y durante cuánto tiempo, ya sea por temas, por autor, o por cualquier otra categoría. Agregado, el medio sabe lo que interesa a sus lectores y trata de adecuar su oferta a lo que los lectores le contamos a través de nuestro comportamiento.

Una pauta que llama la atención en los medios nacionales es el fuerte desplazamiento del interés hacia lo local, pero más aún, el práctico desinterés por las secciones de internacional. Es la paradoja de un mundo que todos sabemos global, pero en el que el interés de los ciudadanos no parece estar en eso. Cuanto más sea así, y esa es la tendencia, menos probable será que los ciudadanos tomen perspectiva de la situación real y de los cambios que se están produciendo. Esto facilita mucho la manipulación.

Las opiniones públicas de los países de democracia liberal confían en que el sistema les protege, y deciden creyendo tener toda la información. Sus decisiones se toman en base a una visión parcial, cuando no irreal, de lo que ocurre. Cuanto más desinformadas, más fácil es que triunfen tesis populistas que simplifican los conflictos en términos de dualidad y más fácil es el camino para los que proponen soluciones igual de simples. Los resultados están a la vista, pero aun creyendo que eso ocurre solo a otros, o que es un fenómeno accidental, la anestesia que da la ignorancia, facilita un control creciente, que se acepta en beneficio de una supuesta protección. Votamos, pero ¿con que criterio?

EUROPA EN LA ENCRUCIJADA

El papel de los Estados se ha disparado desde la pandemia, y muy poco se mueve sin su tutela. Las sociedades avanzadas dan decreciente valor al sistema de democracia liberal a cambio de recibir su soporte. En España, apenas hay conciencia de como sería la situación económica y social si no contásemos con que estamos siendo financiados por el BCE.

Nuestra dependencia es tal que el BCE adquirió los 120.000 millones de emisiones netas del Tesoro en 2020 a tipos de interés irrisorios. No es difícil imaginar cual sería la situación en otro caso, pero no es fácil adivinar cómo y cuándo ese soporte puede ser retirado. No se discute sobre esto en el Parlamento y muy poco en los medios. No tiene interés.

Sin embargo, Europa está en una encrucijada que va mucho más allá de la pandemia. La presidencia semestral portuguesa tiene el reto de salvar la llamada Conferencia sobre el Futuro de Europa impulsada en su día por Francia. Fue aplazada en mayo del año pasado, y no solo no es segura su celebración este semestre, sino que puede aparcarse de forma definitiva. Ni siquiera está claro de que trataría, si de las estructuras que deben diseñarse para su futuro funcionamiento, o de la economía verde y la transición digital. Y habrá quien todavía crea que el futuro está en el euro

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