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España en el mundo: recuperar el consenso

España en el mundo: recuperar el consenso

Por Javier Fernández Arribas

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Una de las tareas políticas más urgentes es la recuperación del consenso en política exterior entre los dos grandes partidos políticos españoles. La pérdida de este consenso, con motivo de la intervención de España en la guerra de Irak en 2003, ha ocasionado múltiples problemas para los intereses nacionales en muchas partes del mundo y ha reducido notablemente el peso político internacional de un país con notables cualidades y capacidades; y con gran influencia en una zona emergente del mundo como es América Latina.

La escena política española debe superar cuanto antes, por supuesto no esperar al 2020 sino hacerlo inmediatamente, la grave división que ocasionó la decisión del gobierno de José María Aznar de respaldar la política del presidente norteamericano, George W. Bush de intervenir en Irak con la falsa justificación, conocida posteriormente y poco creíble antes, de la tenencia de armas de destrucción masiva por parte del régimen de Sadam Husein. El problema de esta situación, que fue utilizada por el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, para convocar a miles de españoles a manifestarse en las calles de todas las ciudades contra la participación española en la guerra, es que ha condicionado la política exterior desde entonces provocando un preocupante distanciamiento de España de los centros de decisión mundiales. La prueba más clara de las consecuencias negativas de la situación la observamos en los enormes esfuerzos que tuvo que hacer la diplomacia española, la cantidad de favores que hubo que pedir para poder formar parte del famoso G-20 tras el estallido de la crisis internacional.

Posteriormente, el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero tomó en su primer día en el poder la decisión unilateral de retirada de las tropas españolas de Irak. Movimiento que no sorprendió a los aliados pero que sí molestó y mucho a la administración Bush por la forma de hacerlo. Cuenta en su libro, el embajador Javier Rupérez, del Partido Popular, que en Washington se daba por segura la retirada de Irak si el PSOE ganaba las elecciones pero lo que realmente molestó fue la falta de consultas, la decisión personal de Zapatero sin contar con los aliados que tenían sus tropas allí desplegadas. Además, del llamamiento que realizó el presidente del Gobierno español a otros países para que siguieran el ejemplo de retirar las tropas.

En Afganistán, el esfuerzo español ha sido mayor del previsto para poder compensar políticamente el desaguisado de la retirada de Irak. Pero más allá de simpatías o antipatías políticas hacia Aznar o Zapatero, hacia Bush o Obama, lo que subyacía en las intenciones de José María Aznar era dar un vuelco total al eje estratégico de España. Durante los últimos 30 años, Europa ha sido el norte de la política española por una serie de dependencias políticas, económicas, comerciales, sociales, etc…

Sin embargo, Aznar llegó a la conclusión de que el futuro de España estaba mejor asegurado con Estados Unidos que con la vieja Europa que observaba el crecimiento y el auge de España con cierto recelo y colocaba piedras en el camino del progreso y del desarrollo español. Por ejemplo, Francia se resistía a la conexión energética de la electricidad y a la construcción de  autovías y de la alta velocidad; además de cobrar el peaje correspondiente por la lucha antiterrorista. La decisión de Aznar provocó en los socios europeos notables recelos, no sólo en Francia y Alemania, sino también en el Reino Unido que creía tener la exclusividad de las buenas relaciones con Washington.

Con el gobierno de Zapatero, no hubo relaciones institucionales con la Casa Blanca y el presidente Bush y la decisión fue retornar a la vieja Europa con la constatación consiguiente, tras el paso de unos meses, que la percepción hacia España era la misma, e incluso peor por las declaraciones triunfalistas de que España había superado a Italia y ahora iba a por Francia y que jugaba en la Champions League. No sientan bien en Europa este tipo de declaraciones. Pero encima de la mesa está la necesidad de analizar, valorar y decidir sobre el futuro de la política exterior de España que tanta incidencia tiene en el desarrollo interno.

Si hacemos caso de la experiencia del ex presidente Felipe González, el eje estratégico de España está en América Latina más que en Europa. Sólo hay que analizar los datos de facturación de las grandes empresas españolas que dan trabajo a casi dos millones de personas y contabilizar que más de un tercio del PIB de España procede de América Latina. Son datos a tener muy en cuenta pero que requieren un análisis en profundidad y con perspectivas de futuro. Y para ello, es imprescindible el consenso en política exterior porque es imprescindible que este tipo de decisiones de gran calado estratégico para los intereses de España tengan continuidad y respaldo político a largo plazo.

Las protestas populares en Oriente Medio y el norte de África, que han acabado con dictadores en Túnez, Egipto y Libia exigen una profunda reflexión entre PP y PSOE a la hora de determinar el papel de España hacia estos países. La participación de España en el seno de la Unión Europea es otro elemento clave de la política exterior a analizar, así como evitar dependencias económicas como la que se mantiene con el régimen de Venezuela por sus pedidos en Navantia. China es otro actor internacional fundamental que ya influye decisivamente en la escena internacional con inversiones muy importantes en África y en América Latina. En este mundo globalizado donde las nuevas tecnologías permiten conocer al instante todo lo que está ocurriendo se hace más imperativo que nunca la necesidad de recuperar el consenso en política exterior.

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