Barcenas y el PP firman la paz con Lapuerta de culpable
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Barcenas y el PP firman la paz con Lapuerta de culpable

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Ya no existen dudas. Tras las declaraciones de los antiguos secretarios generarles del Partido Popular ante el juez, todo lo dicho y asegurado por Luís Bárcenas se quedará en nada. El ex tesorero está contento con lo que han dicho sus antiguos jefes y de los ataques y acusaciones ha pasado a cambiar sus recuerdos. Nada de contabilidad B, ni de sobresueldos, ni ningún otro posible delito de los que pudiera acusarse al partido. La existencia de un pacto entre las partes antes enfrentadas aparece como la única explicación posible. La guerra puede haber terminado con un único culpable, Alvaro Lapuerta, un hombre que va a cumplir el 22 de septiembre noventa años y cuya salud física y mental es muy endeble.

Cuando Alvaro Lapuerta llega a la tesorería del Partido Popular en 1989, Luís Barcenas ya llevaba siete años por los despachos de la organización, primero de la mano del agradecido empresario Angel Sanchís y más tarde con Rosendo Naseiro. El abogado del Estado ya sabía de su expulsión por parte de Antonio Hernández Mancha y de su regreso con Manuel Fraga merced a los buenos oficios de uno de los sobrinos del fundador del partido. Ni Alvaro, ni Luís sospechaban lo que iba a suceder un cuarto de siglo más tarde, cuando estallaran de forma sucesiva los escándalos de Gurtel y del propio Barcenas. Por medio tuvieron que coser y recoser contabilidades en ordenadores que desaparecieron o fueron destruidos bajo los mandatos como secretarios generales de Francisco Alvarez Cascos, Javier Arenas y Angel Acebes.

Si Lapuerta tenía 61 años cuando se convierte en tesorero del PP, Barcenas contaba con apenas 32 y una capacidad de trabajo envidiable, como eran envidiables sus relaciones y su capacidad para encajar las piezas contables del partido, siempre a caballo entre los gastos y los ingresos, con la ansiedad que provocaban cada una de las citas electorales y las consiguientes relaciones con las organizaciones autonómicas y municipales.

Hasta el año 2008, Barcenas era el segundo del área de tesorería y no sería hasta la llegada de María Dolores de Cospedal en junio de ese año y tras el Congreso de Valencia en el que se eligió a Mariano Rajoy como presidente del PP, cuando la buena suerte de Luís se torciera y de las buenas palabras y la fiel cooperación con sus jefes se pasara a una guerra cada vez más abierta. Guerra que culminaría con su despido y posterior ingreso en prisión merced a un auto del juez Ruz. Los medios de comunicación se convertirían en el campo de una batalla especialmente dura y feroz entre el extesorero y la secretaria general y luego presidenta de Castilla la Mancha.

Fuera de juego, enfermo y recluido en su casa, Alvaro Lapuerta y sus diez hijos veían como las acusaciones y responsabilidades mercantiles y judiciales pasaban por su cabeza y le llevaban a la imputación de varios delitos. Mientras tanto, dentro del PP no todos los altos cargos compartían el análisis de la situación y las medidas que debían tomarse en la guerra desatada por el sucesor de don Alvaro, al que se le reconocían sus esfuerzos y del que dependían una parte de los sumarios si su memoría y voluntad le acompañaban.

Queda un largo recorrido y nuevos casos que se suman a los que ya están en fase de juicio y sentencia o de instrucción sumarias, pero los antiguos contendientes parecen que han descubierto que nada ganan golpeándose entre ellos y que la paz requiere sacrificios y silencios.

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